Reflexiones transcontinentales


Por MVZ Memo Cavazos


Tenía ya algunos años sin contar con la fortuna de exhibir en Europa, cuando vi el hueco de poderme escapar aeronáuticamente a la exposición mundial de Brno en la República Checa no lo pensé dos veces, aunque acabé exhibiendo un Beagle, lo cual sabía bien que potencialmente podía pasar, el propósito de mi viaje era colectar material videográfico para mi canal de YouTube, objetivo que alcancé muy positivamente. Esa parte fue valiosa sin duda, pero mi otro objetivo, el de acumular cultura, fue sobrepasado y por mucho más allá de lo esperado, mi muy americano punto de vista me dio mucho para la reflexión y con eso en mente me surgió la necesidad de escribir este artículo. Últimamente, cuando escribo o hablo en mi podcast frecuentemente hago referencia a si escribo o hablo con el saco de manejador o con el de Juez puesto, ya que los puntos de vista son muy diferentes; hoy, en esta ocasión creo que el de manejador es el que mejor me sienta. Dicen que las comparaciones nunca son buenas, pero “ahí les voy”, mi tono positivo me da licencia, abro las alas y revuelo sobre mis memorias de manera más que constructiva.


La cultura de la jaula


Realmente me causó un “shock” el ver la poca cultura que existe allá de no traer a los perros en jaula, era una práctica muy común, seguramente más entre los “dueños manejadores” probablemente aquellos que sólo llevaban un perro. Fue muy común ver a muchos perros y hay que decirlo, algunos con posibilidades de ganar, presentarse de manera muy pobre. A todas luces se veía que mentalmente ya estaban desgastados, cansados de estar esperando a la orilla de un ring -a veces por horas-, el momento de entrar al ring. Seguramente no es la falta de dinero el hecho que propiciaba que el perro no estuviera en una jaula relajándose y esperando su turno, simplemente no es la costumbre.

La cultura del entrenamiento y la correa adecuada


Creo que ninguno de los que nos llamamos “canófilos de años” podemos jactarnos de nunca haber llegado al ring con un perro poco entrenado, incluso nosotros los profesionales nos hemos visto en la circunstancias de tenerlo que hacer, pero ahí en Brno era algo muy común. No era la falta de tiempo, no era el desbordado temperamento de algunos cachorros, no, daba la clara impresión de que no les importaba si el perro se presentaba así. La disciplina, la idea de que el perro se podía ver mejor estaba ausente y eso es lo que llamó poderosamente mi atención.


Simplemente vi algunos Weimaraner y razas similares que las exhibían con correas fijas, como las de Poodle (aunque un poco más gruesas) pero que en muy poco ayudaban a controlar al perro con eficacia. También vi algunas de este tipo en las que el broche de la correa, es decir el dispositivo que ajustaba la correa alrededor del cuello, estaba hecha artesanalmente con un pedazo de cuerno de venado. Daba la impresión que aparentar el aspecto de rústico cazador era más importante que la eficiencia de controlar al perro. En fin, usos y costumbres. Interesantísimo.


Para los jueces que estaban lidiando con esto mi respeto y admiración, a mí seguramente me hubiera costado un poco, pero tengo que decirlo, no había caras de apuro ni de preocupación, todo fluía y todos parecían estar disfrutando. A veces las formas y costumbres e incluso los resultados son intrascendentes, lo que importa es que seamos felices.


La cultura de los horarios

Para mi sorpresa, la cultura de seguir los horarios sí estaba ahí. La inmaculada puntualidad de los organizadores fue digna de una ovación de pie. Todos los rines empezaron a tiempo y todos parecían estar al pendiente, no es fácil estar pendiente de la hora de entrar con una hembra abierta con la sola información de saber que tu raza de 122 ejemplares empezaba a las 11.15 am. He de decir también que algunas clases empezaban sin que todos sus integrantes estuvieran dentro del ring, la flexibilidad era necesaria, justificada y vista con naturalidad.

Los secretarios de juez


Como mexicano es siempre motivo de orgullo oír de jueces de todo el mundo los buenos comentarios que siempre tienen hacia la calidad de nuestros secretarios, pues los checos no se quedaban atrás, con la dificultad agregada que tenían que lidiar con tres factores en contra:


Primero la barrera del idioma, fue sorprendente para mí darme cuenta de la poca cantidad de locales que no hablaban algo de inglés, vamos, ni los taxistas y seguramente al estar rodeados de países con lengua propia como Hungría, Polonia, Eslovenia, etc., era fácil pronosticar que eso produciría caos y no, los juzgamientos fluían como el agua, a su velocidad propia, sí, pero fluían.

Segundo, las mesas en medio de la pista ¿En qué cabeza cabe que es buena idea poner las mesas justo en medio de la pista? Sí, la mesa donde el Juez anotaba y donde se recogían los números. Era común ver a más de uno ingresar al ring entre clase y clase y tener que ir al medio del ring en busca de tu número “e incluso hay los que lo hacían mientras que los perros se estaban juzgando.”


Tercero: los reportes. El Juez no era responsable de entregar nada a ninguno de los perros, él escogía sus cuatro favoritos, los acomodaba y con los dedos decía uno, dos, tres y cuatro. Ninguna tarjeta ni listón acababa en la mano del manejador. ¿Qué pasaba entonces? Que el Juez regresaba a la mesa y le decía al secretario la calificación de cada perro, es decir: Excelente, Muy Bueno, etc. El secretario lo asentaba en un documento que ya estaba previamente impreso para cada perro y recolectaba los números de los cuatro ganadores. Si el lector cree que esta tarea es complicada, pues ahí no acaba todo, el secretario se entregaba a la tarea de buscar y literalmente corretear a cada uno de los manejadores para entregarle dicho documento. Labor titánica. Afortunadamente los cuatro perros ganadores no iban muy lejos ya que comúnmente era el momento que un torbellino de espectadores aparecía en el ring para tomarle foto a cada uno de ellos.


Estas piedras fundacionales, pilares del evento eran de una variedad de edades, looks y vestimentas de lo más diverso, cultura del uniforme no había. Había desde señores mayores con aspecto de capitán de barco retirado, adolescentes con tenis fosforescentes y matices de punk en el peinado, hasta los trajeados que bien cuidaban que corbata y zapatos combinaran en armonía. Esa variedad se me hizo algo rayando en lo fantástico que también llamó agudamente mi atención.


Sin duda disfruté salirme de la rutina, me renovó, me hizo valorar lo que tengo, lo que tenemos y me recordó que la variedad de pensamientos enriquece al mundo de los perros, casi casi me atrevo a usar el término “universos canófilos-culturales plurales.” “Paralelos.” Dentro del mundo globalizado en el que vivimos a veces nos hace falta soltarnos del árbol para poder apreciar el bosque. Sobre todo, este viaje me dio mucho para la reflexión y agradezco infinitamente que me hallan acompañado en él con su imaginación.

Para cualquier comentario y sugerencia de tema para futuras intervenciones será un placer saber de ustedes, todos mis proyectos y redes sociales se agrupan en www.dogsconnection.net.

Agradecido. “Lo mejor está por venir”; hasta siempre.

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