Perros de asistencia, los héroes anónimos que salvan vidas


Por Lic. Daniel Higa Alquicira


Emiliano tenía cuatro años cuando le detectaron un tumor en el cerebro. Era inoperable y por recomendación del oncólogo, los padres le buscaron un perro para aumentar sus esperanzas de vida, ya que el pronóstico era de seis meses.


Entonces llegó Frida, una Labrador Retriever entrenada para ser perro de asistencia y le cambió la vida. Ahora Emiliano se encuentra estable, camina y se está recuperando de manera sorprendente, aunque sigue con la enfermedad.


A Nicolás, un niño con autismo, síndrome de Tourette y epilepsia, Mica (otra Labrador Retriever) también le cambió la vida. De ser alguien muy tímido y aislado, ahora es vocero de la Fundación Owen y portavoz de los derechos de las personas con autismo.


Ángeles guardianes

Los perros son seres increíbles que no dejan de sorprendernos. Además de su cariñosa compañía, algunos se han convertido en los ángeles guardianes para las personas con discapacidad, ya que literalmente cuidan su vida.


Desde el simple hecho de ayudarlos a cruzar una calle o anticipar una crisis médica; así como guiar a las personas ciegas en su andar diario o proteger a un niño con autismo, los perros de asistencia hacen mucho más de lo que la gente se imagina.


“Estamos hablando de perros que ayudan a sobrevivir a las personas. Los asisten para que puedan realizar sus actividades diarias de manera segura”, afirma Adalberto Islas Trujillo, entrenador en jefe de la Fundación Owen, una institución que prepara los canes para estas actividades.

Es por eso que se han ganado el título de héroes anónimos que salvan vidas. Este reconocimiento no es cosa menor, ya que las personas con discapacidad enfrentan retos insalvables a diario.

Fundación Owen

Ayudar a estas personas es el gran objetivo que se ha propuesto la Fundación Owen (Owen Care), una Institución de Asistencia Privada (IAP) que lleva 13 años entrenando perros de asistencia.

A lo largo de ese tiempo han entregado 25 perros completamente capacitados para responder a las necesidades de personas que tienen alguna de estas discapacidades: visual, auditiva, movilidad limitada, niños con autismo y alerta médica.

De esta manera, los perros de asistencia “contribuyen al bienestar, independencia, movilidad y autoestima de personas con discapacidad o con alguna condición médica”, explica la propia fundación.


Pero “todo comenzó para darle atención a una comunidad de niños con discapacidad múltiple. A estos pequeños no los admitían en otras instituciones y no tenían acceso a programas de rehabilitación”, explica Margara Bravo, fundadora de Owen.

“Entonces desarrollamos una metodología propia, donde había un programa que se llamaba neuro-rehabilitación sin dolor y fue mi perro -que se llamaba Owen-, el primero con el que comenzamos, de ahí el nombre de esta fundación”, agrega.

Rompiendo paradigmas

Pero para lograr esto tuvieron que crear un método propio de entrenamiento para perros de asistencia, lo que significó romper paradigmas con respecto a lo establecido a nivel mundial.


La primera pregunta que surgió fue: “¿Por qué un perro que asiste a una persona ciega no puede pasar algo del suelo? ¿O por qué un perro que asiste a un niño con autismo no puede hacer un marcaje de un escalón?”, explica Adalberto Islas.


Y agrega: “Nosotros creemos en eso, en que lo pueden hacer y ayudar aún más a las personas”.

El hacer este mezcla que rompe con todos los moldes conocidos, “ayuda a tener más ventajas y mayor trabajo para el perro; así, en lugar de que sólo se ocupe en una cosa, todo el tiempo puede estar funcionando”, asegura el entrenador.

Además esto responde a la realidad que vivimos en nuestro país, donde la falta de orden en las calles y en los espacios públicos(*) complican mucho más el desempeño de los perros de asistencia.


“Somos un país con características únicas que hace que los perros hagan maravillas en las calles. Por todo esto hemos tenido un choque con los métodos establecidos en otros países y decidimos romper con los moldes y comenzar a estructurar el entrenamiento de acuerdo a lo que es México”, afirma el especialista.

Actualmente están entrenando 15 perros y el proceso completo tiene una duración de entre 18 y 20 meses, en donde el primer paso es fortalecer la parte emocional de los cachorros y su movilidad.


“Después sigue la obediencia que va de los seis meses hasta el año de edad y a partir de ahí comenzamos con la especialidad”, explica Adalberto Islas.

Retos a superar

En México nada más hay tres instituciones, entre ellas Fundación Owen, que preparan perros de asistencia. Sin embargo, la demanda es muy alta y la capacidad para entrenar a los canes es muy limitada, sobre todo porque el linaje y el proceso de entrenamiento son muy caros. “A nosotros cada perro nos cuesta entre 25 y 30 mil dólares, desde la crianza hasta que lo entregamos”, explica Margara Bravo.


“Pero este monto no se lo podemos pedir a una familia que tiene un niño con autismo, por lo que algunas veces absorbemos hasta el 80 % o 90 % de este costo, en otras únicamente el 50 %. Todo depende de la situación financiera de la fundación.”

La realidad es que faltan recursos para poder ayudar a más personas con discapacidad. “Por eso necesitamos donativos, ayudas económicas, para poder solventar los gastos”, dice la fundadora de Owen.


De acuerdo a sus propias cifras, por cada 100 niños(*) 17 tienen autismo. Mientras que de acuerdo con el Censo de Población y Vivienda 2020 elaborado por el INEGI, en México hay cerca de 6 millones 200 mil personas con algún tipo de discapacidad, lo que representa 4.9 % de la población total del país.


Cambiar paradigmas en la sociedad

Otro enorme reto que enfrentan los entrenadores(*) es que la sociedad no sabe de las funciones que realizan los perros de asistencia, ni entienden que junto con su usuario son un binomio.


Esto significa que no se les puede separar, ya que esto representa que la vida de la persona e incluso la del animal, pueden estar en riesgo.


Así que las restricciones para que puedan acceder a algunos espacios públicos o la idea de que son unas bonitas mascotas, que se pueden acariciar o alimentar como a cualquier otra, deben ser erradicadas de la sociedad.


Para eso se necesita concientizar y crear una nueva cultura al respecto. “Es una lucha ardua porque las restricciones no sólo están en las tiendas o los restaurantes, están también en la sociedad”, dice Adalberto Islas.

Por lo que asegura: “Es muy desgastante la falta de educación sobre cómo funcionan los perros de servicio. Las personas adultas no respetan su condición y se acercan a ellos como si fueran mascotas comunes, y no lo son”.


Reglas básicas

De esta manera, el objetivo es que “la sociedad entienda la importancia que tienen los perros de asistencia. Ellos salvan vidas y por eso debemos cambiar la mentalidad y fomentar una educación más amplia al respecto”, dice el entrenador.


Así que las reglas básicas con un perro de asistencia es no tocarlo, no darle de comer y no distraerlo.


“Hay que recalcar que cuando las personas vean a un perro de asistencia, que trae un chaleco con el nombre de la institución que lo certifica y que además trae sus credenciales, no lo toquen ni lo llamen, dado que están trabajando”, sentencia Margara Bravo.
“En realidad estos perros son considerados héroes silenciosos, no se notan pero están salvando la vida a los usuarios”, concluye la iniciadora de Fundación Owen.
Vías de contacto:

- Para solicitar información sobre el acceso a un perro de asistencia, las personas pueden comunicarse al 5516351650 y 5556596125


- También pueden visitar el sitio web owencare.org o mandar un correo electrónico a info@owen.care

- Sus redes sociales:

Facebook: Fundación Owen, IAP.

Instagram: owen.care

Twitter: @owen_care

- Fundación Owen se encuentra en Camino Real No. 10; Colonia San Andrés Totoltepec. C.P. 14400 Alcaldía de Tlalpan, CDMX, México.

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