La obesidad: más que amor, una condición mortal



Por Miriam Nicolás Quevedo


Introducción

La obesidad en nuestros animales de compañía es un gran problema hoy en día debido a muchos factores, como los malos hábitos de alimentación de los propietarios, quienes sobrealimentan a sus mascotas a manera de premio o consentimiento. Generalmente ofrecen una gama abundante de alimentos, para evitar que “se aburra”, dando como resultado un acúmulo excesivo de lípidos, carbohidratos y proteínas, produciendo obesidad. El exceso de gordura se presenta cuando existe un balance positivo de energía por períodos prolongados con un menor gasto de ésta; otros factores que también influyen son aburrimiento, desocupación, sedentarismo, nerviosismo.


La obesidad se define como una acumulación excesiva de reserva de grasa, que se considera la forma más común de malnutrición actualmente, la cual es generada por una ingesta inadecuada de alimento; un animal se considera con sobrepeso u obeso cuando su peso corporal se encuentra por arriba del 15 % o hasta 20 %; afectando a gran parte de la población canina, entre un 40 % hasta un 50 %.


Cuando un paciente presenta una condición corporal elevada, esto influye negativamente en su bienestar, teniendo importantes consecuencias de salud como enfermedades cardiovasculares, respiratorias, dermatológicas, hepáticas y endocrinas, por ejemplo diabetes mellitus; neoplasias, osteoartritis; así como muerte prematura, incontinencia urinaria, aumenta el riesgo quirúrgico y anestésico, intolerancia al ejercicio y al calor, así como el deterioro de la eficiencia reproductiva.

Es de gran importancia conocer y enfatizar que los animales de compañía no tienen las mismas necesidades nutricionales que sus propietarios. Debido a lo anterior, resulta bastante lógico proporcionar una adecuada nutrición para prevenir diversas enfermedades e incrementar la expectativa y calidad de vida del paciente.


DESARROLLO


En la literatura se exponen dos tipos principales de obesidad, la hiperplásica y la hipertrófica, que se definen a continuación.


OBESIDAD HIPERPLÁSICA: en este tipo de obesidad aumenta tanto el tamaño como el número de células grasas. Se presenta en la etapa de juvenil pues existe la posibilidad de aumentar el número de células grasas; se manifiesta tras proporcionar una sobrealimentación extrema y prolongada.


OBESIDAD HIPERTRÓFICA: Esta se caracteriza por presentar un aumento de tamaño de células grasas (adipocitos), como consecuencia de sobrealimentar al animal durante la madurez, pues estas células no aumentan en cantidad sino en tamaño.


También se ha caracterizado de acuerdo con los factores que inducen la obesidad.


a) Factores endógenos:

EDAD: los pacientes geriátricos tienden a disminuir la masa muscular, su tasa metabólica y por tanto la necesidad energética total diaria.

SEXO: las investigaciones señalan que las hembras representan el 60 % de los animales obesos, asociado principalmente a la actividad hormonal, ya que los estrógenos tienen un efecto inhibidor sobre el consumo de alimento. Por ello, durante el estro (etapa en la cual la mayoría de las hembras aceptan al macho y presentan intranquilidad) muestran una disminución en el consumo de alimento.

AUSENCIA DE GÓNADAS: es uno de los factores más importantes que predisponen a la obesidad, porque después de la esterilización se produce una disminución en la producción de esteroides sexuales, bajan las necesidades energéticas y el comportamiento sexual, lo cual resulta en obesidad si no se realiza la cantidad equivalente de ejercicio.

PREDISPOSICIÓN GENÉTICA: algunas razas caninas tienen tendencia a desarrollar obesidad, debido a que requieren almacenar energía para resistir durante los periodos de carencia, tales son el Labrador Retriever, Cocker Spaniel, Chihuahueño, Pekinés, Teckel, entre otros.


CONDICIONES MÉDICAS:

Hay algunas enfermedades, en las cuales puede existir un aumento de peso real o aparente como signo de la enfermedad, tales como:


1) Hipotiroidismo: es multifactorial, aunque generalmente se debe a una falla en la producción de hormona tiroidea, ya sea por disfunción glandular, atrofia tiroidea, ablación quirúrgica y traumatismos, entre otros; algunas de sus manifestaciones clínicas son: aumento de peso, letargia e hipotermia.


2) Diabetes mellitus: se caracteriza por niveles altos de azúcar en sangre (hiperglucemia). En el perro, ésta es a menudo una secuela de pancreatitis crónica, predisposición genética, asociación con alto consumo de carbohidratos y obesidad.


3) Hiperadrenocorticismo: se asocia a la exposición excesiva de glucocorticoides, también a la hiperplasia adrenocortical idiopática bilateral, a la administración de sustancias adrenocorticales similares y a los mecanismos iatrogénicos (daño a la salud causado o provocado por un acto médico involuntario), una de sus manifestaciones clínicas es abdomen penduloso.


b) Factores exógenos:

ACTIVIDAD: al disminuir la actividad se reduce la necesidad energética, por lo que se almacena más energía en forma de grasa, además de que hay una estrecha relación entre el sedentarismo y el mayor consumo de alimento, lo que nos lleva a un círculo vicioso.


COMPETENCIA SOCIAL: esto depende de la disponibilidad de alimento, del número de competidores; con un mayor número de animales el consumo de alimento aumenta, su rango social y por supuesto de la facilitación del propietario.


CAUSAS AMBIENTALES: facilitación del propietario, quien es el responsable al proporcionar el tipo de alimentación.


PALATABILIDAD Y CONDICIONES DOMÉSTICAS: el consumo de alimento está ligado a la palatabilidad al ser atractivo por su olor, textura y sabor; entonces, a mayor palatabilidad aumenta mucho más el consumo de comida de la necesaria y -a su vez-, mayor ganancia de peso, por eso es que la comida casera y los alimentos enlatados o sobres al ser más agradables, puedan promover el sobrepeso; sumando la poca actividad física, además puede crear un aprendizaje de búsqueda de atención, el cual es reforzado inconscientemente por el propietario, cuando éste le provee comida cada vez que el perro la pide.


La superabundancia y variedad “efecto cafetería” hace que el perro deje de comer por períodos prolongados hasta conseguir algo que le guste más. También es importante considerar los factores climáticos donde sabemos que los animales comen más durante el invierno.


El mayor problema en los animales de compañía con sobrepeso y obesidad, se debe a una transferencia de los hábitos alimentarios, así como a una falta de conocimiento en la salud nutricional y falta de conciencia y aceptación del problema por parte de los propietarios, para quienes la obesidad no constituye una enfermedad, al tener la falsa creencia que le proporcionan una mejor calidad de vida.


Este planteamiento concuerda con el problema básico sugerido por Kienzle (1998), para quienes el afecto o amor de los propietarios por sus animales de compañía justifica el error de suministrar la alimentación incorrecta.


En un estudio (“Who’s been a good dog?”) en relación del suministro de “golosinas” a los animales de compañía, es a menudo un componente importante en la relación entre el perro y el propietario. La mayoría de los propietarios suministra las golosinas como un extra, en lugar de una parte integral de la dieta, muy pocos acuden con el médico veterinario para ajustar la ración de la dieta para evitar que el animal tenga sobrepeso; las golosinas más administradas por los propietarios son: galletas para perros, carnazas, considerados como un premio, entre otras comidas como: “sobras de comida”, quesos, verduras, papas fritas, salchicha, galletas, pasteles e incluso restos de comida para llevar, que los consideran como un obsequio.

Es muy común que la administración incorrecta de alimentos comience como recompensa por un buen comportamiento, parte de algún entrenamiento en cachorros, pero el hábito permanece hasta la vida adulta o al finalizar el entrenamiento, en otros casos se ofrece para mantenerlos “felices”.


Diagnóstico de sobrepeso u obesidad

Para el diagnóstico de sobrepeso u obesidad se realiza un examen físico general acompañado de una historia clínica y estudios de laboratorio, para descartar ciertos padecimientos como edema (hinchazón causada por el exceso de líquido atrapado en los tejidos del cuerpo), ascitis (inflamación abdominal causada por la acumulacion de liquido), hipotiroidismo (enfermedad endocrina uno de sus signos es aumento de peso), entre otros.


Una vez descartado cualquier problema adyacente, se estima la composición corporal con el método de la morfometría ya que es sencillo, pero no del todo confiable.


La morfometría es una metodología no invasiva, consiste en la toma de medidas corporales que varía entre especies, con la finalidad de obtener un estimado de grasa corporal, este método no aplica en animales acondroplásicos (Dachshund, Basset Hound, etc.) demasiado estilizados (Afgano, Saluki, etc.) o demasiado corpulentos (Bulldog Inglés).


Otra herramienta útil para detectar el grado de sobrepeso u obesidad y el más utilizado en cada visita al veterinario es el sistema de puntuación según el estado de condición corporal, basado en la inspección visual y la palpación, tiene la desventaja de ser poco objetiva dependiendo del punto de vista del clínico.


Se utiliza una escala de cinco puntos para evaluar la cantidad de grasa corporal que cubre el cuerpo de las mascotas, donde 1 está demasiado delgado, 2 es delgado, 3 es ideal, 4 tiene sobrepeso y 5 es obeso.



Los animales con sobrepeso u obesidad en esta escala se encuentran en una condición corporal de 4/5 y 5/5 donde:


a) 4/5 se considera un animal con sobrepeso cuando las costillas se palpan con una ligera cobertura de grasa, la cintura se distinguirá ligeramente si se observa el dorso del animal y puede presentarse un pliegue abdominal aparente.

b) 5/5 puntos: se considera un animal obeso cuando las costillas no sean palpables con facilidad (con una cubierta de grasa abundante), habrá depósitos evidentes de grasa sobre el área lumbar y la base de la cola, la cintura se observa con dificultad o no existirá, presentándose una gran distensión abdominal.


Conclusión


La obesidad y el sobrepeso son enfermedades que han aumentado en los últimos años, debido a los diversos alimentos que el propietario le suministra a su mascota, dando como resultado importantes consecuencias de salud o hasta una muerte temprana de los animales de compañía. Para evitar la obesidad es muy importante tener un manejo nutricional adecuado para pacientes con susceptibilidad al sobrepeso, además de que una buena nutrición es fundamental para el correcto desarrollo, ya que la nutrición está dirigida a mantener la salud, con el fin de conservar un balance adecuado de todos los nutrientes que se les aportan, para evitar tanto las deficiencias como los excesos de estos y con el fin de lograr un desempeño óptimo del animal y sus diversas actividades.


Para evaluar el estado de salud de tus animales de compañía es necesario acudir con tu médico veterinario, quien le realizará un examen físico general, para valorar que no se encuentre alguna alteración y así poder comenzar –en caso de ser necesario-, con un programa de reducción, el cual debe contemplar tres aspectos: cambio de conducta, ejercicio y modificación de la dieta, él te puede asesorar en los cambios de alimentación para su dieta, recordemos que la dieta debe ajustarse a la condición fisiológica en la que se encuentren como son: gestación, lactancia, edad, castración, actividad física y condición corporal, se debe informar si se ofrecen premios para que tu médico los integre dentro de la dieta proporcionada, la dieta se tiene que acompañar de actividad física, sesiones de juegos y -muy importante- dar seguimiento al tratamiento.


El médico veterinario, como parte de su responsabilidad, debe informar al propietario que a pacientes sometidos a esterilización -ya sea hembra o macho-, se les debe reducir el porcentaje de la dieta que se le proporcionará durante toda su vida después de la cirugía.

Referencias


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  • Moises Heiblum Frid. Etología clínica en perros y gatos. México DF. UNAM.2014.

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  • Francisco J. Trigo Tavera y Laura Romero Romero. Patología Sistémica Veterinaria. 6ª ed., México, Distrito Federal. 2015.

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