Inteligencias múltiples


Dr. Raúl García Miranda

M.V.Z. Luis Arturo García Domínguez

M.V.Z. Beatriz Figueroa Andrade


Le preguntó Lola, la Pastor Belga Malinois a Lana, la Border Collie: «¿Cómo resumirías este tiempo? Llevamos más de un año con la pandemia de los humanos con afectación directa a nosotros los perros y eso que no nos enfermamos de eso». Lana, la Border, le contestó: «Como un tiempo con situaciones retadoras, donde la tecnología sustituyó a la vida diaria, pero creó un sinnúmero de situaciones retadoras. En mi opinión -continuó la perra-, debemos estar listos para que una vez que pase la pandemia regresemos a la vida habitual, pero diferente y renovada. Quien no esté listo para el cambio sufrirá mucho porque el cambio ya se dio y no va a haber marcha atrás. Nosotros, los perros de hogar, en convivencia directa con los humanos vivimos en un ecosistema de alta sostenibilidad, sin embargo, habrá retos en el mundo compartido entre humanos y perros para los cuales deberemos estar listos. La pregunta para los humanos y los perros es: ¿Estamos listos para estar listos?»


Lola, la Malinois, se quedó pensando y volvió a preguntar a Lana, la Border Collie: «Y tú ¿estás lista para estar lista?» La Border Collie contestó: «Claro que sí. He cambiado mis hábitos. Antes de la pandemia tenía unos hábitos familiares que se consideraban saludables, como asistir a todas las reuniones familiares, convivir con toda la asistencia y jugar, jugar mucho, jugar con todos. Hoy he cambiado esos hábitos, ya no asisto a todas las reuniones, no convivo más que con los de casa y juego sólo con ellos. Lo que eran hábitos saludables en la familia cambiaron y yo también cambié, así es que se puede decir que soy una perra evolucionada y por lo tanto sí estoy lista para estar lista cuando esto pase.»


Lola, la Malinois, volvió a preguntar: «¿Crees realmente que evolucionaste?» Lana, la Border Collie contestó: «Sí, claro que evolucioné. De no haber cambiado para bien hubiera involucionado, pero no fue así, cambié para bien, para adaptarme, eso es evolución. Desde luego que lo más difícil fue la parte emocional. Antes de la pandemia me consideraba una perra equilibrada emocionalmente. Una vez que inició el confinamiento, tuve un periodo de tiempo en que mis emociones parecían crearme conflictos. Por ejemplo, Raúl me sacaba a pasear diario al parque, cuando él dejó de salir yo también dejé de salir. Esto me molestaba porque el paseo era un momento que disfrutaba mucho. Tuve unos meses de enojo y frustración, sin embargo, entiendo que debía equilibrar mis emociones de otra manera. Si la vida había cambiado yo también debía cambiar, pero debía cambiar para bien, así que equilibré mis emociones y evolucioné».

Lola, insistió: «¿De verdad cambiaste de hábitos y equilibraste tus emociones?» Lana contestó: «Mira, cambiar de hábitos era obligado por cuestiones de salud y de una nueva realidad, eso no es mérito propio. Sin embargo, al entender que los hábitos saludables ahora son otros con respecto al pasado, te guste o no, inicias un equilibrio emocional distinto porque entiendes que son otras circunstancias y otros tiempos. A pesar de que la vacunación contra la pandemia avanza, Raúl, sigue siendo muy precavido y hemos cambiado. Regresamos a los paseos, pero ahora los hacemos en el campo, donde la posibilidad de interactuar con otros humanos es mínima. Extraño el parque, sus árboles y sus olores, mas ahora tengo el campo, otros árboles y otros olores y he aprendido a disfrutarlos también. Cambiar de hábitos y disfrutar lo que ahora tienes sin quejarte de lo que ya no tienes, es parte de equilibrar tus emociones. Así es que la respuesta a tu pregunta es: Sí. En realidad cambié mis hábitos y equilibré mis emociones».

Lola, la Malinois, estaba dispuesta a hacer que Lana, la Border Collie, aceptara en algún momento que había fallado en eso de evolucionar. Así es que volvió a cuestionar: «¿Recuerdas cómo entrenábamos antes para las exhibiciones? Ahora ya no lo hacemos, Raúl nos enseña menos y nosotros aprendemos menos. ¿Qué opinas?» Lana, la Border Collie, es muy inquieta, sin embargo, cuando hay que estar tranquila lo está. Tomó el comentario y la pregunta con paciencia y volvió a hablar: «En efecto la enseñanza-aprendizaje cambió. No obstante, para quien cambió fue para los humanos, pues se volvió virtual. Los estudiantes de todos los niveles -desde preescolar hasta posgrados- aprenden en medios electrónicos. Su educación sí cambió y de tal manera que en el futuro nunca volverá a ser como antes. Empero, para los perros el aprendizaje cambió sólo un poco. El aprendizaje tiene estilos, modos, formas y manifestaciones. El estilo de aprender de los perros casi no cambió, seguimos aprendiendo más o menos igual. Que si la genética, la raza, los instintos primarios, los drives, los tiempos, en positivo, en negativo, en positivo y negativo combinado, o en negativo una vez y en positivo dos veces (Nepopo) etc. Los que cambiaron fueron los humanos, cambiaron en cómo nos educan, cómo nos entrenan o cómo nos adiestran, pero los perros no cambiamos, al menos no de manera importante, nuestro estilo de aprendizaje. Es irónico, pero ahora los humanos necesitan mucho más de nosotros para aprender. Los roles se modificaron, no podían, ante tantos cambios, no cambiar. Ahora los perros debemos cooperar mucho más porque los humanos perdieron o modificaron el talento. Tal vez conserven las ganas de entrenar, pero las ganas solas son indispensables sin ser suficientes, también se requiere talento. Los humanos que cambiaron sus hábitos y equilibraron sus emociones siguen siendo excelentes parejas del binomio humano-perro. Pero los humanos que no cambiaron sus hábitos o no lograron equilibrar sus emociones ahora deben ser auxiliados por sus perros».

Lana, se calló. Esperaba que Lola hubiera entendido sus argumentos y sus palabras. Sin embargo, Lola lanzó una nueva pregunta: «Si los perros cambiaron sus hábitos saludables y equilibraron sus emociones ¿por qué no todos los seres humanos lo habían hecho?»; a lo que contestó Lana «Eso es un asunto de inteligencias múltiples, -y siguió-, los perros tenemos una característica que nos hace únicos en la naturaleza: podemos cerrar los ojos para ver. Cuando cerramos los ojos, nuestros otros sentidos se agudizan. Con los ojos cerrados podemos oler mucho mejor que como lo hacemos con los ojos abiertos. Si nuestro olfato es bueno o muy bueno comparándolo con el del humano, imagínate qué tan bueno es, si cerramos los ojos y dependemos del olfato para vivir, para encontrar, para caminar, etc. Tenemos una inteligencia olfatoria que no tienen los humanos. También podemos cerrar los ojos para ‘ver’ con el oído o inteligencia auditiva. Nuestro excelente oído que funciona en condiciones ordinarias, se agudiza al máximo cuando cerramos los ojos. Escuchamos todo y distinguimos cada sonido y sabemos a qué corresponde cada ruido con exactitud. También podemos cerrar los ojos para ‘ver’ con la intuición. Cerramos los ojos y podemos predecir al humano con el que tenemos más relación. Inteligencia intuitiva. En mi primer encuentro del día, con los ojos cerrados puedo predecir a Raúl. Sé que me va a hablar con cariño, que me va rascar el cuello porque sabe que me gusta mucho. Sé que me va a decir el plan del día y cómo lo vamos a hacer. Estas inteligencias, la olfativa, la auditiva y la intuitiva no la tienen los humanos. Son inteligencias múltiples exclusivas de nosotros.»


Entonces, interrumpió Lola «¿Somos más inteligentes que los humanos? Eso me gusta». Lana contestó: «Nosotros somos diferentes a los humanos, lo que no significa ser mejores o peores, sino diferentes. ¿Qué es mejor, un águila o un lobo? Ninguno de los dos es mejor, son diferentes. Nosotros los perros tenemos inteligencias múltiples y las usamos frecuentemente y de manera correcta. Los humanos también tienen inteligencias múltiples, como la inteligencia lógica, la memorística, la emocional, etc. Sin embargo, no las utilizan con la frecuencia y corrección adecuadas. Los humanos se empeñan en usar la inteligencia lógica sobre todas las demás. Tratan de hacerlo siempre, siempre en el tiempo y siempre en la intensidad. Eso hace que sus inteligencias múltiples se vean mermadas en eficacia».

Continuó Lana: «Los humanos nunca cierran los ojos para ver, al contrario, cuando quieren ver abren los ojos lo más posible. Cuando una criatura de la naturaleza logra cerrar los ojos para ver, se intensifican sus inteligencias múltiples, de tal manera que lo realmente importante se destaca de lo no importante. Cuando un perro cierra los ojos para usar su inteligencia olfativa, los olores que no son trascendentes los elimina de su atención y se queda atento sólo con los olores importantes, no obstante, capta todos los olores, los no importantes y los importantes. Su inteligencia hace que atienda unos y no atienda otros. Lo mismo sucede cuando el perro cierra los ojos para ‘ver’ con los oídos. Discrimina los sonidos importantes de los no importantes, pero es capaz de escucharlos todos. Desde luego que existen humanos que son capaces de cerrar los ojos para ‘ver’, pero no son muchos, la mayoría no lo sabe hacer y recurren a su inteligencia lógica».

Lola, la Malinois, estaba intrigada y con muchas ideas en la cabeza; Lana, la Border Collie estaba cansada. Así es que, sin hablar, usando su inteligencia instintiva, escogieron la sombra de la higuera y se pusieron a descansar.


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