Gatos en Egipto


Por. Andrea Nayeli Luvián Jáuregui


Como ya sabemos, Egipto ha sido conocido por la eternidad debido a su gran cultura y el respeto que le tenían a sus creencias, además de la innumerable cantidad de dioses que veneraban. Desde dioses para cosas inmateriales como el sol, hasta deidades para animales como los gatos. Así pues, viajaremos por el tiempo para descubrir el porqué se le tenía tanto respeto a un felino que es conocido por indiferente hacia los humanos.

Se cree que en Egipto surgieron las primeras civilizaciones en las que los felinos dejaron de ser salvajes y pasaron a ser domésticos. Aunque es realmente difícil decirlo con claridad debido a la difusa información que se tiene sobre su domesticación, ya que se teoriza nunca se domesticó, sino que empezó a ser representado como un animal de compañía simplemente. Eso explicaría lo distante y misteriosos que son con nosotros, además de sus costumbres “salvajes” que aún conservan.


Al principio, los gatos fueron queridos prácticamente en todas las culturas por su increíble habilidad de caza y la ayuda que le brindaban a la especie humana al ser un repelente natural de las plagas, roedores y animales venenosos o peligrosos para las personas. Se fueron ganando un lugar en las casas egipcias al tener la función de proteger a sus amos y los bienes de estos, como lo son sus plantíos o cosechas ya guardadas. No fue hasta después que los gatos empezaron a ser venerados de la forma en la que conocemos.

Los gatos aparecían constantemente en los escritos egipcios debido a su función en la vida cotidiana de las personas, pero todo cambió cuando se le empezó a mencionar en los textos religiosos. Se dice todo comenzó cuando se representó al dios Ra- el Dios del Sol y el más importante dentro de su cultura- como un gato. En este momento dejó de ser solamente un ayudante para las actividades diarias y pasó a ser una deidad con nuevos atributos al cual se le debía respetar.

Uno de los mitos más famosos de los egipcios con respecto a los gatos es el de la pelea eterna entre Apep y Ra. Durante el día, el Dios del Sol brindaba de calor, vida, luz y felicidad a los habitantes de todo lo conocido, pero esto cambiaba cuando el ocaso llegaba y el disco solar se ocultaba tras el horizonte. Al atardecer, Ra tenía que cruzar el inframundo teniendo toda la noche para hacerlo y, así, al día siguiente salir por el oriente a iluminar las tierras de Egipto. Aunque no todo era así de fácil, ya que en el inframundo se encontraba Apep, la deidad perteneciente a las serpientes, el caos, la muerte y toda maldad que habitara en la Tierra. Apep esperaba todas las noches para luchar con Ra para así poder salir del inframundo y pasar al mundo terrenal. Pero el Dios del Sol no se la dejaría tan fácil, es por eso que cada noche, Ra se convertía en Miuty, traducido como el gran gato. Miuty se enfrentaba a una pelea de vida o muerte con Apep en el inframundo, dependiendo de ésta el futuro de toda la humanidad. Cuando el amanecer se aproximaba, la pelea llegaba a su fin y el gran gato volvía a tomar forma del Dios del Sol, saliendo como un gran disco para así demostrarnos quien fue el ganador de la pelea, por lo que la serpiente inmortal tenía todo el día para regenerar su cabeza y empezar de nuevo por toda la eternidad. De igual forma, cuando ocurría un eclipse se debía a que Apep se había escapado del inframundo y el caos se había liberado, apoderándose por unos minutos del disco solar.

Algunos historiadores presumen que la razón por la que los egipcios empezaron a representar deidades con cuerpos o cabezas de gatos fue gracias a las características que se les atribuyen a estos felinos. Los gatos son protectores, elegantes, graciosos, leales, grandes estrategas, ágiles e independientes. Estas características son las predilectas para un gran gobernante, por lo que son perfectas para representar a un dios y así seguir el ejemplo de las deidades.

Otro mito que lleva a los gatos como protagonistas y héroes de la historia, es nada más y nada menos que el origen de la diosa de los gatos, Bast. También conocida como Bastet, es una de las deidades más veneradas e incluso la más querida entre el pueblo egipcio y el relato de su origen está a la altura de tan majestuosa diosa con cabeza de gato. Se cuenta que Ra enfurecido, al ver que los humanos no demostraban devoción hacia los dioses, envió al ojo de su hija Sekhmet, Diosa de la Guerra, las epidemias del desierto, catástrofe y la medicina. La diosa que porta una cabeza de león, fue y mató a las personas que no veneraban a su cultura, y poco a poco el desierto se fue cubriendo de cadáveres y las arenas se fueron tiñendo de carmín. Aunque el problema llegó cuando Sekhmet, después de probar el sabor de la sangre, no paró la matanza y empezó a asesinar personas sin importar lo devotos o no que fuesen. Cuando Ra vio que la humanidad entera estaba en peligro, envió a Toth, Dios de la Sabiduría, a que pensara una forma de detener la sed de sangre que su hija tenía. Después de un tiempo, Toth vio la respuesta frente a él. Mandó hacer 7,000 jarras de cerveza, bebida por excelencia en esos terrenos, mismas que coloró con ayuda de una flor de un tono brillante de rojo, haciéndolo parecer tarros llenos de sangre. Sekhmet, al ver esas jarras puestas sólo para ella, no pudo resistirse y una tras otra las jarras caían vacías de sus manos. Al cabo de un tiempo cayó rendida y al estar calmada se transformó en el ojo del sol, Bastet. Al dejar la maldad y pasar a ser luz, Bastet se regía de diferentes principios y se le atribuía ser diosa del hogar, de la música, del amor, la abundancia, la alegría, la maternidad, del placer, de los nacimientos y ser la protectora de la familia real. Y así es como Bastet surge para iluminar a la humanidad con su amabilidad y pasa a la historia como la salvadora del pueblo egipcio.


A partir de que este mito se extendiera por cielo y tierra, el culto de la diosa con cabeza de gato creció pasando fronteras creando –incluso- una ciudad entera destinada para su adoración. Esta ciudad, de nombre Per-Bastet, el dominio de Bastet, es conocida por tener estatuillas, escritos, esculturas y demás, todos con el fin de brindar ritos a su tan adorada diosa. Per-Bastet tomó más importancia durante los años del 900 al 700 a.C., debido a que los gobernantes eran originarios de esta ciudad, volviéndola capital durante su reinado.

Además, no podemos olvidar la leyenda sobre cómo el rey persa Cambises II conquistó Egipto sin luchar. Se dice, primero se adueñó de una ciudad pequeña de nombre Pelusium y cual flautista con los ratones, se llevó a todos los gatos pertenecientes de los habitantes. Ya habiendo hecho esto, se dispuso conquistar el país entero. De forma muy despiadada, colocó a los gatos en primera fila de las batallas, usándolos como escudos vivientes. Al hacer esto, el pueblo egipcio no ofreció batalla alguna pues ningún soldado o civil se atrevía a dañar un gato, aunque su patria dependiera de eso.


También se regían por una serie de costumbres que para algunos pueden resultar inútiles, pero para ellos representaban el total respeto hacia esta deidad. Una de ellas era el raparse las cejas cuando el gato de la familia fallecía. Una forma de rendirle luto a su gran compañero de vida.


Otra de sus costumbres era la de momificar al gato del Faraón, en caso de que éste muriese. Al gato del Faraón se le enterraba con éste cuando su vida culminaba, dejándonos ver también que consideraban a los gatos como un animal útil para la otra vida, como si de un guía espiritual se tratase. Aunque cabe recalar que se han encontrado los cuerpos de gatos momificados con tan sólo meses de nacidos, por lo que pone en duda si eran enterrados con su dueño con la función de ser guías o como un símbolo de poder.


Ya sea por estatus, respeto, amor o cualquier otra cosa, los gatos tenían un notorio lugar en la vida cotidiana de la gente y dentro de su cultura, quedando claro, ahora sí, el porqué de tal apego, veneración y respeto ante la criatura que aún en nuestros tiempos sigue teniendo secretos escondidos bajo sus patas. cluso- una ciudad entera destinada para su adoración. Esta ciudad, de nombre Per-Bastet, el dominio de Bastet, es conocida por tener estatuillas, escritos, esculturas y demás, todos con el fin de brindar ritos a su tan adorada diosa. Per-Bastet tomó más importancia durante los años del 900 al 700 a.C., debido a que los gobernantes eran originarios de esta ciudad, volviéndola capital durante su reinado.


Además, no podemos olvidar la leyenda sobre cómo el rey persa Cambises II conquistó Egipto sin luchar. Se dice, primero se adueñó de una ciudad pequeña de nombre Pelusium y cual flautista con los ratones, se llevó a todos los gatos pertenecientes de los habitantes. Ya habiendo hecho esto, se dispuso conquistar el país entero. De forma muy despiadada, colocó a los gatos en primera fila de las batallas, usándolos como escudos vivientes. Al hacer esto, el pueblo egipcio no ofreció batalla alguna pues ningún soldado o civil se atrevía a dañar un gato, aunque su patria dependiera de eso.

También se regían por una serie de costumbres que para algunos pueden resultar inútiles, pero para ellos representaban el total respeto hacia esta deidad. Una de ellas era el raparse las cejas cuando el gato de la familia fallecía. Una forma de rendirle luto a su gran compañero de vida.


Otra de sus costumbres era la de momificar al gato del Faraón, en caso de que éste muriese. Al gato del Faraón se le enterraba con éste cuando su vida culminaba, dejándonos ver también que consideraban a los gatos como un animal útil para la otra vida, como si de un guía espiritual se tratase. Aunque cabe recalar que se han encontrado los cuerpos de gatos momificados con tan sólo meses de nacidos, por lo que pone en duda si eran enterrados con su dueño con la función de ser guías o como un símbolo de poder.


Ya sea por estatus, respeto, amor o cualquier otra cosa, los gatos tenían un notorio lugar en la vida cotidiana de la gente y dentro de su cultura, quedando claro, ahora sí, el porqué de tal apego, veneración y respeto ante la criatura que aún en nuestros tiempos sigue teniendo secretos escondidos bajo sus patas.

31 visualizaciones0 comentarios