EL XOLOITZCUINTLE, EL PERRO DE LOS MUERTOS




Por: Évelin Pérez López

En México cada pueblo, cada región, cada familia tiene sus propias tradiciones, mismas que lo convierten en un país multicultural y lo hacen ser reconocido a nivel mundial, sin embargo, su culto a la muerte es una de las tradiciones más distinguidas y admiradas, pues al llegar los primeros días de noviembre, México se viste de manteles largos para recordar a aquellos que se han adelantado. Dichas tradiciones surgen del México prehispánico, en el cual uno de los elementos básicos durante la muerte eran los perros, específicamente los xoloitzcuintles, ya que estos eran considerados guías espirituales de las almas que llegaban al Mictlán.


Creación del Xoloitzcuintle

La palabra Xoloitzcuintle proviene del náhuatl y tiene dos componentes: Xólotl, que hace referencia al dios del mismo nombre (Xólotl), e itzcuintli, que significa perro y su origen tiene que ver con dos vertientes de la cultura mexica: la primera leyenda habla de una dualidad conformada por el dios Quetzalcóatl (serpiente emplumada) y el dios Xólotl, quienes representaban los dos rostros antagónicos del planeta Venus; por su parte, Quetzalcóatl era el representante de la vida, la fertilidad, la luz y el conocimiento, además era el encargado de anunciar a los hombres la salida de la estrella matutina, mientras que su hermano Xólotl era reconocido como el dios del ocaso y representante de la oscuridad, cuya tarea principal era guiar el paso del Sol a través del inframundo. Para facilitar su tarea el dios Xólotl encarnaba en diversas formas animales –principalmente en la de perro- y a partir de esta personificación surgió la creencia de que los perros podían guiar el alma de los hombres a través del inframundo, de la misma manera que Xólotl lo hacía con el Sol.


La segunda leyenda narra que Mictlantecuhtli y Mictecacíhuatl el señor y la señora