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El Akita Americano, origen y compañero de vida


Por Raúl y Frida Granados


Estoy muy seguro que cuando un Akita Americano llegue a tu vida, no podrás cambiar de raza y no por la razón que tal vez muchos creerían que es la idea de ser un perro intratable y agresivo, cuando realmente es porque no querrás cambiar de raza y te darás cuenta que el Akita Americano es único; espero que después de este artículo, pueda cambiar tu punto de vista.


Para empezar, me gustaría remontarme al origen del Akita Americano, que es el mismo del Akita Inu, un perro originario de Japón de la región de Akita, empleado principalmente como perro de pelea, cacería y guardián, que luego de unos años, buscando un aumento de su tamaño se empezó a cruzar con Tosa Inu, Pastor Alemán, Mastín Inglés, entre otras razas, dando origen a los inicios de esta imponente raza.


En 1937 Helen Keller viajó a Japón y quedó encantada con la raza, el gobierno japonés le obsequió uno convirtiéndose en su nuevo acompañante, éste se volvería el primer ejemplar en Estados Unidos.


Al iniciar la Segunda Guerra Mundial, la raza se vio amenazada debido al uso de sus pieles como abrigos para el Ejército, al finalizar la guerra se dio lugar a una restauración de la raza, cuidando ejemplares con los rasgos más similares al Mastín Inglés o el Pastor Alemán, conocida como línea Dewa; fue ésta la que se trasladó a Estados Unidos, concentrándose en California, donde militares y criadores americanos empezaron a profundizar el desarrollo de las líneas de sangre, siendo su inteligencia y su gran capacidad de adaptación rasgos que más llamaban su atención; orientando la raza a la defensa.


Considero importante esta pequeña introducción para todas aquellas personas que son nuevas en la raza, ya que debido a sus inicios ha sido injustamente juzgada, atribuyéndole el título de perro peligroso a un perro de gran corazón.


Mi primer acercamiento a la raza fue cuando tenía 11 años, el cuñado de mi abuelo era criador de Akitas, importó una hembra color rojo de Estados Unidos llamada Fuji, la cruzaron y producto de esa cruza a mi tía le obsequian una cachorra llamada Yashira Lee, mi primera impresión fue de impacto, ya que no veía un cachorro, veía a un oso, desde ese día inicio mi interés por ellos; era tal mi emoción por salir de la escuela para llegar a verla y sacarla a pasear, aunque muchas veces por su fuerza, ella me paseó a mí.


Años más tarde, alrededor de mis 16 volví a ver un Akita, blanco de cabeza negra, ya que antes no era común encontrarse con uno, caminaba casi todos los días cuatro km para ir a verlo a través de las rejas de donde vivía.


En mi casa siempre crecí con Pastor Alemán, pero desde mi primer acercamiento con Akitas los tuve en mente.


Donde vivía, un día un vecino rescató a una hembra muy maltratada, como consecuencia tenía un carácter intratable, era muy agresiva, pero con paciencia y los cuidados adecuados mejoró su carácter, se llamaba Brenda, gracias a ella pude tener a mi primer Akita, tuvo una camada de tres cachorros, una hembra café, un macho blanco y un macho rojo, donde pronto uno pasaría a formar parte de mi vida.


Tenía poco de haber formado mi familia, recuerdo que mi esposa y yo queríamos al macho blanco, mas mi hija Fryda tenía 2 años y apenas empezaba a hablar, ella eligió el rojo y decidió llamarlo Harry, nunca imaginé en lo que se convertiría, llegando a ser un Akita enorme, pesando casi 80 kg y midiendo 76 cm a la cruz.

Siempre recibí comentarios cuestionando la seguridad de mis hijos al convivir con un perro de esa magnitud; llegándolo a comparar con un león, haciendo alusión a su tamaño, sin embargo, Harry no era lo que veían, era un perro sumamente protector, dulce y cariñoso, que ponía el bien de mis hijos por delante.


Posteriormente mi familia creció con dos hembras más, un color negro intenso con blanco llamada Niza y la otra hembra gris oxford llamada Danna; Niza fue la compañera de mi esposa, era su persona, la acompañaba a todas partes, desde cocinar hasta dormir, pasaba el momento junto a ella.


A Niza y Harry le debemos el inicio de AG Akitas.


Ellos trajeron los primeros cachorros a nuestra casa, Niza nos entregó a su primer cachorro en la recámara de mis hijas, y la dejamos ahí, porque se sentía segura; desde ese momento cada vez que llegaban cachorros a la casa significaba alegría, mis hijos fueron parte importante del proceso de sociabilización de los cachorros ya que desde que salían de la bolsa hasta el momento en el que se entregaban a su dueño, pasaban por los brazos de mis hijos, creciendo con cariño, volviéndolos unos perros equilibrados.

Danna desafortunadamente no pudo tener cachorros, pero era tanto su amor e instinto materno, que tomaba los cachorros de Niza como si fueran suyos, intentando incluso amamantarlos, ahí fue cuando me di cuanta del gran corazón e inteligencia del Akita Americano.


Estos tres akitas pasaron a otro plano, su vida con nosotros fue larga y plena, donde su partida conllevó un proceso muy doloroso, ya que siempre fueron parte de la familia.

Actualmente los akitas de mi hogar son dulces, cariñosos y juguetones, sin dejar de lado su labor de perro guardián, son muy inteligentes y te permitirán formar parte de su círculo, mientras no representes un peligro a su familia.


El Akita Americano, más allá de su aspecto físico, siendo un perro muy imponente y de belleza notable, destaca por su inteligencia y valentía, seguros de sí mismos y tenaces sin perder su corazón y fidelidad que lo caracterizan. Son una raza dominante, territorial y protectora, lo que como dueños nos pone una tarea muy complicada al adiestrarlos, pero que en definitiva vale totalmente la pena.


El Akita Americano -más allá de ser un perro de protección-, nos demuestra ser un perro de corazón, fiel y cariñoso con sus dueños, excelentes compañeros de vida, donde su familia siempre será su razón de ser.


El Akita Americano siempre formará una parte importante de mi familia, gracias a ellos tenemos muchas experiencias, vivencias, anécdotas y recuerdos, por ellos me he relacionado con personas que se han vuelto mis mejores amistades, el verlos desenvolverse al competir y sentir la satisfacción de verlos triunfar, saber que tenemos un compañero que después de un día difícil nos estará esperando para hacernos sentir mejor, es algo por lo que jamás cambiaría a mis compañeros de vida.


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