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¿Qué me espera con un dogo de Burdeos?


Por Roberto Huereca 


El dogo de Burdeos es considerado, por su tamaño y peso, como una raza de talla grande o extragrande. Aunque para mí son simplemente gigantes amigables que pocos tenemos el privilegio de conocer.

Estos nobles gigantes, en los primeros meses de su vida (como la mayoría de las razas), son destructivos, traviesos y juguetones. Hay que poner especial cuidado con juguetes, trapos y cualquier objeto que pueda masticar, porque sin lugar a dudas terminará en su estómago. Por lo tanto, hay que tener sumo cuidado de no dejar nada tirado o a su alcance mientras aprende qué es comida, qué es juguete y qué no lo es.


Esta etapa termina entre los 18 y 24 meses de vida, que es cuando entra por completo en la adultez, donde su actividad física baja de manera considerable. Su estructura ósea y muscular se torna mucho más robusta y pesada, por lo que no esperes largos paseos ni maratones. Ellos prefieren guardar su energía y fuerza para cuando lo consideran necesario, ya que su potencia es explosiva y avasalladora, lo cual los agota rápidamente.


Si se le comparara con algún deportista, este ejemplar sería como un liniero de fútbol americano o un atleta de halterofilia, donde se necesita fuerza y explosividad por periodos cortos. Esta característica los hace adaptables a espacios pequeños como departamentos, pero no olvides la advertencia: sus paseos cortos o tus muebles pagarán las consecuencias.


Sus cachetes y belfos, largos y colgados, hacen que generen una cantidad considerable de saliva o “baba”. Así que te recomiendo que desde pequeños los corrijas y enseñes a que se detengan y no te llenen de babas cuando no lo deseas. De lo contrario, prepárate para que en más de una ocasión te llenen con su saliva de pies a cabeza. Esto puede resultar divertido y gracioso en ocasiones, pero si vas a una junta o reunión importante y antes de subirte al auto terminas empapado, no lo vas a considerar tan divertido. Por lo mismo, para evitar molestias, recomendamos atención temprana.


Cepilla para prevenir… o barrer sin parar

Son una raza de pelo corto, pero eso no significa que no “tiren” pelo; sino todo lo contrario. Sueltan bastante pelo, sobre todo en otoño y primavera, que es cuando cambian —o más bien mudan— su pelaje de invierno (más grueso y tupido) al pelaje de verano (un poco más delgado). Esta es una medida natural para que su temperatura corporal se regule con mayor facilidad. Por lo tanto, en esas épocas tendrás tarea adicional con el cepillado.


Como ya lo hemos comentado antes, es una raza que prefiere los climas fríos a los calientes. Las temperaturas por encima de los 33 grados les resultan incómodas o poco tolerables, y preferirán estar nadando o en algún lugar fresco. Debido a esto, la ingesta de agua es considerablemente mayor en comparación con otras razas. Por tal motivo, recuerda tener siempre una cantidad abundante de agua fresca a su disposición, ya sea para beber o para refrescarse.


Sin olvidar que las caminatas cortas se recomiendan hacerlas temprano por la mañana o al atardecer, cuando el día está más fresco, para evitar el temido y mortal golpe de calor.


En cuanto a la forma de ser con su familia, déjame decirte que estos nobles gigantes amorosos son muy apegados a su dueño. Te van a querer seguir a todos lados. Te esperarán sentados o acostados en la puerta de tu casa cuando salgas, y ahí estarán hasta que regreses, separándose solo para ir al baño o tomar agua. El resto del tiempo estarán esperando tu regreso.


Cuando vuelvas, estarán pendientes de todo lo que haces. Son sumamente curiosos y entrometidos. Si estás lavando el coche, regando el jardín, arreglando el patio, haciendo una carne asada o cualquier otra actividad, va a querer estar ahí para ver qué haces, revisar las herramientas y, si las pierdes de vista, lo más probable es que esté masticando alguna.


Esta curiosidad desmedida viene acompañada de una necedad inquebrantable. Son muy persistentes y en muchas ocasiones pondrán a prueba tu paciencia y tolerancia. Si quiere algo, encontrará la manera de hacértelo saber. Pero, al mismo tiempo, logran hacerte sentir que mientras ellos estén, nunca dejarán de acompañarte y ayudarte en lo que puedan.


Son tan atentos a su dueño y a los pequeños detalles que memorizan el ritmo de tus pasos, el volumen de tu voz, tus gestos y los sonidos que haces cuando estás triste, cansado o con cualquier cambio de humor. Saben actuar en consecuencia, dándote lo que necesitas para recuperar tu paz y tranquilidad.


Su apariencia grande y robusta impone respeto. No necesitan ser agresivos para delimitar su territorio o su dominancia. Como guardianes y protectores son sumamente efectivos: disuaden a cualquiera. Pero no te dejes engañar; detrás de ese rostro duro e intimidante encontrarás al amigo más sensible y tierno que jamás hayas conocido, dispuesto a todo con tal de verte bien.


El ladrido del gigante

Su ladrido es grave y deja sentir su poderío. Pero, al igual que otras razas, también cuenta con una amplia gama de ladridos o “vocabulario canino”, por así decirlo. Te lo irá enseñando con el tiempo, y entre más fuerte sea el vínculo, más sencillo se vuelve interpretar ese lenguaje. Llegará el momento en que sabrás, sin palabras, lo que significa cada tono y duración de sus ladridos. Ten en cuenta que es su forma de comunicarse contigo, así que sé paciente y valora ese esfuerzo.


Son exageradamente tiernos y juguetones con los más pequeños de la familia. En pocas palabras, a estos nobles gigantes les encantan los niños. Son como una niñera ideal: muy protectores y sumamente tolerantes. Les encanta jugar con ellos y, sobre todo, observarlos, vigilando que todo esté bien y atentos a cualquier peligro que pudiera acercarse.


Protegen a su clan contra cualquier enemigo sin importar su tamaño. Al mismo tiempo, su nobleza e inteligencia les permiten detectar quién es amigo y quién no. Si su dueño acepta a alguien, ellos también lo harán, siempre mostrando su mezcla de poder y ternura.


El dogo de Burdeos es un fiel compañero que te hará amarlo desde la punta de su cola hasta su trufa. Son gigantes que enamoran con su ternura, con sus detalles y con el inmenso amor incondicional que transmiten en cada instante.


Con cada minuto a su lado aprendes a amar sus travesuras, a compartir su curiosidad y a dejar que descubra y aprenda contigo. Y, por qué no, también aprendes a aceptar y divertirte con su necedad.


Amarás que sea parte de tu vida y tú de la suya, pero también lo extrañarás profundamente cuando llegue el momento de su partida. Estos gigantes juguetones y amorosos son un regalo temporal de la vida, y solo vienen a acompañarnos por un periodo relativamente corto: entre 6 y 8 años aproximadamente.


Por eso, si ya tienes un dogo de Burdeos en tu vida, disfruta al máximo su compañía durante el tiempo que la vida te lo permita. Y si estás pensando en sumar uno a tu clan…


¿Qué esperas?

Abróchate bien el cinturón y prepárate para la aventura más intensa, grande, divertida y amorosa de tu vida junto a tu dogo de Burdeos: un noble gigante al que la vida nos da el privilegio de tener como parte de nuestra familia.

 
 
 

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