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Bullmastiff: guardián para la familia


Por Carlos A. Cabrera R.


EI inicio de una historia

Mi historia con los bullmastiff comenzó cuando tenía aproximadamente doce años, y de una manera que podría describirse como destino. Mi padre era director de Protección Civil y Bomberos, y en una ocasión él y su equipo lograron salvar la vida de un hombre durante un incidente. Tiempo después, ese mismo hombre, profundamente agradecido, decidió regalarle un cachorro de bullmastiff. Así fue como Bruce llegó a nuestra familia.


Hasta ese momento ya había visto bullmastiffs en películas y series, y siempre me había llamado la atención la presencia imponente de la raza. Sin embargo, nunca imaginé que uno de ellos formaría parte de mi vida. Bruce llegó siendo apenas un cachorro, pero desde muy temprano comenzó a demostrar algo que caracteriza profundamente a esta raza.


Lo primero que me sorprendió fue el equilibrio de su carácter. Por un lado, Bruce mostraba una seguridad y un instinto protector muy marcados, cualidades que lo convertían en un excelente guardián. Pero al mismo tiempo era increíblemente noble, afectuoso y cercano con la familia. Esa combinación de fuerza, inteligencia y ternura fue lo que me hizo comprender que el bullmastiff no es solo un perro de guarda, sino un verdadero compañero familiar.


Un guardián dentro del hogar

Quienes no conocen bien la raza suelen pensar que un bullmastiff es un perro exclusivamente de guarda. Sin embargo, convivir con uno demuestra rápidamente que su verdadera naturaleza es mucho más equilibrada.


Dentro de casa, Bruce era un perro sorprendentemente tranquilo. A pesar de su tamaño y de su presencia imponente, era muy cariñoso con la familia y tenía un carácter estable. Siempre mostro una personalidad dominante y segura, algo típico en la raza, pero al mismo tiempo convivia sin problema con otros perros que teníamos en casa.


Con las visitas también demostraba ese equilibrio tan p articular del bullmastiff. Generalmente era muy amigable y tranquilo, incluso llegó a estar presente en reuniones y fiestas familiares. Aun así, siempre conservaba su espacio y su dignidad, algo que caracteriza mucho a esta raza.


Aunque afortunadamente nunca vivimos una situación de peligro real, Bruce siempre fue un excelente guardián. Su sola presencia imponía respeto. Más de una vez personas que pasaban frente a la casa nos comentaron que su tamaño y su ladrido les imponía bastante. Ese es uno de los rasgos más interesantes del bullmastiff: no necesita ser agresivo para cumplir su función de protección; su seguridad y presencia natural son suficientes.


Para mí, siendo niño, Bruce fue mucho más que un perro de guarda. Era un compañero muy cariñoso, obediente y juguetón. Le gustaba mucho estar dentro de la casa y formar parte de la vida diaria de la familia.


Continuar el linaje: Bruno y Rayita

Con el paso de los años, el vínculo que había desarrollado con Bruce despertó en mi un deseo muy especial: continuar con su linaje. Cuando tenía alrededor de dieciocho años tuve la oportunidad de hacerlo realidad con el nacimiento de dos cachorros que marcarían profundamente nuestra historia familiar: Bruno y Rayita, ambos hijos de Bruce.


Recuerdo ese momento como un sueño cumplido. A diferencia de cuando Bruce Ilegó a mi vida siendo yo un niño, en esta etapa ya era mucho más consciente de la responsabilidad que implica tener y criar perros de esta raza.


Sin embargo, los primeros meses de Bruno y Rayita no fueron fáciles. Ambos enfrentaron una enfermedad fuerte cuando apenas eran cachorros y tuvieron que permanecer bajo cuidados veterinarios. Fue una etapa muy difícil para nuestra familia.


El desenlace fue especialmente doloroso porque, en un inicio, Bruno parecía ser el que estaba más delicado. Rayita, en cambio, parecía estable aparentemente. Por eso su pérdida fue completamente inesperada y nos afectó profundamente.


Aunque afectado físicamente en su total desarrollo en talla, Bruno logró salir adelante, y con el tiempo se convirtió en un perro extraordinario que nos ha regalado algunos de los momentos más felices que hemos vivido con un ser canino. En una etapa familiar complicada, Bruno terminó siendo algo más que un perro: fue un verdadero “curita” al corazón para todos.


Bruno y los niños

Hoy Bruno ya tiene siete años y continúa representando muchas de las cualidades más admirables del Bullmastiff. Su carácter es equilibrado, cariñoso y profundamente leal con quienes forman parte de su familia.


Una de las relaciones más especiales que ha desarrollado es con mi sobrina.  Curiosamente, han crecido prácticamente al mismo tiempo: ella tiene ocho años y Bruno siete. Desde que era pequeña, él siempre ha mostrado una mezcla muy particular de juego, cariño y respeto hacia ella.


Con los niños Bruno es un verdadero amor. Le gusta jugar y convivir con ellos, pero al  mismo tiempo parece tener una conciencia muy clara de su tamaño y de su fuerza. Esa combinación de energía juguetona y control es algo que caracteriza mucho al bullmastiff cuando está bien sociabilizado dentro de una familia.


Aunque ya no tiene la misma energía de cuando era cachorro, sigue disfrutando los momentos de convivencia y juego con ella. A su manera, continúa acompañándola y cuidándola con la misma nobleza que siempre le ha mostrado.


Thana: una nueva etapa

Con el paso de los años, el vínculo que desarrollé con esta raza se volvió una parte muy importante de mi vida. Bruce había sido el inicio de todo y con Bruno esa historia continuó de una forma muy especial. Por eso, desde hace tiempo existía en mí la ilusión de que ese linaje pudiera seguir creciendo.


Así fue como Ilegó Thana a nuestra familia. Además de ese deseo de continuar la historia, también tenía curiosidad por tener un bullmastiff de color miel. Siempre me habían llamado la atención ejemplares de esos tonos; como el de Sylvester Stallone o el de Dewey en “Malcolm el de en medio”. Fue así como finalmente decidimos integrar una a nuestra familia.


Hoy Thana tiene diez meses y representa una nueva etapa dentro de esta historia. Como buena cachorra de bullmastiff es juguetona, inteligente y llena de energía. También ha resultado ser bastante traviesa, probablemente la más inquieta de los perros que han formado parte de este linaje, aunque al mismo tiempo es obediente y se ha adaptado muy bien a la dinámica de la familia y de nuestros otros perros en casa.


La relación que ha desarrollado con Bruno es especialmente interesante. Desde el principio se ha notado que lo observa con admiración y respeto, como si entendiera que él es una especie de guía dentro de la manada.


Más que un perro de guarda

Después de tantos años conviviendo con bullmastiffs, he aprendido que esta raza es mucho más que un perro de guarda. Su presencia impone respeto, pero su verdadera esencia se descubre dentro del hogar.


A lo largo de mi vida Bruce, Bruno, Rayita y ahora Thana, han sido mucho más que mascotas. Han sido compañeros, protectores y parte fundamental de nuestra familia.

Quizá por eso quienes convivimos con un Bullmastiff entendemos algo muy claro: detrás de su apariencia poderosa existe un perro profundamente leal, sensible y conectado con quienes ama. Un guardián, sí, pero sobre todo un miembro protagonista dentro de la familia.

 
 
 

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