LOS PERROS Y LAS ESTRELLAS

Por: Evelyn Pérez López


Diversas leyendas cuentan que el cielo y las estrellas fueron hechos por los Dioses, sin embargo, hay otras que afirman que las estrellas son más que eso, pues se cree que son animales o personajes que por sus grandes cualidades fueron bendecidos con un lugar en el cielo.


Lélape “Viento de tormenta”

En la mitología griega Lélape fue uno de los cuatro regalos que Zeus hizo a Europa, años más tarde éste pasó a ser propiedad de su hijo Minos quien cautivado por la belleza de Procris decidió regalarle a Lélape, sin embargo, para Procris no había más hombre que Céfalo quien obsesionado con la caza vio en Lélape una gran oportunidad para cumplir su mayor sueño: cazar a la zorra teumesia.


En el olimpo Lélape era reconocido por ser el mejor cazador de todos, ya que cuando éste se decidía a capturar una presa, nunca fallaba, por otra parte, la zorra teumesia era conocida por ser la más audaz de los animales, pues ella nunca era capturada. Así cuando Céfalo le encomendó a su leal perro capturar a la zorra dio sin querer origen a una gran antilogía que duró por años, ya que, por un lado, estaba un perro que nunca podía fallar cazando y por otro, una zorra que nunca podía ser cazada, esta paradoja duró por años hasta que un día Zeus, harto de este conflicto decidió convertirlos en piedras, para posteriormente enviarlos al firmamento en forma de estrellas. Se cree que la constelación a la que Lélape dio origen es ahora la constelación de Canis Major representando a la estrella de Murzam mientas que la zorra teumesia dio origen a la estrella Procyon.


La perra Mera

Otro gran personaje de la mitología griega era Mera, la perra fiel de Erígone hija de Icario de Ática quien era un gran devoto del Dios del vino, Dionisio el cual como muestra de su devoción se dedicaba día a día a buscar el mejor vino. En una ocasión convencido de que había obtenido el vino perfecto, Icario tomó una muestra y se lo ofreció a un grupo de pastores del monte Pentélico, los cuales al beber de él se embriagaron y pensaron que Icario los había hechizado, por dicha razón aquellos hombres decidieron asesinar a Icario y sepultar su cuerpo bajo un pino; Mera quien presenció todo, fue en busca de Erígone y la guió hasta aquel árbol; al mirar el cuerpo de Icario Mera y Erígone sintieron un inmenso dolor que las llevó a quitarse la vida, ante esta situación el dios Dionisio decidió recompensar su sufrimiento y dolor, colocándolas junto a Icario en el cielo formando las constelaciones de Virgo para Erígone, la del Boyero para Icario y la estrella sirio para Mera.


Los perros de Orión

La constelación de Orión es probablemente la más brillante y conocida de todas las constelaciones, pero a pesar de ello, no muchos conocen la leyenda de su origen. Orión era hijo de Poseidón, Dios del Mar y de Gea, la Madre Tierra. Orión era un gigante que deambulaba siempre acompañado de sus dos perros cazadores: Canis Major y Canis Minor. Un día mientras Orión pasaba por la isla de Quíos conoció a Mérope, la hija del rey Enopión de la cual se enamoró inmediatamente, así que decidió pedir su mano. El rey Enopión accedió a dar la mano de su hija a cambio de que Orión y sus perros cazaran para él a un sinfín de animales salvajes que causaban grandes estragos a las cosechas de la isla; como era de esperarse Orión acepto y se adentró junto a sus dos perros en las profundidades de la isla en donde lograron cazar a todos los animales que el rey les encomendó, no obstante al regresar al reino el monarca desistió de su promesa negándose a dar la mano de su hija, lo que desató la furia de Orión y cegado por la irá se dedicó a asesinar a todas las criaturas que se cruzaban por su camino, sin embargo su madre intervino inmediatamente pidiéndole que detuviera dicha injusticia, a pesar de ello Orión hizo caso omiso y siguió con la masacre, a consecuencia, Gea puso en su camino un escorpión para que Orión pudiera recordar lo débil y pequeño que podía ser ante otras criaturas, sin embargo era tan prepotente que decidió pisar al escorpión por consiguiente éste clavó su aguijón en el pie del cazador y su ponzoña se esparció rápidamente por su sangre dejándolo moribundo. Al darse cuenta de que su muerte era inminente suplico a Zeus que le concediera un lugar en el cielo junto a sus dos fieles cazadores y una liebre para que así todas las noches los hombres pudieran recordar su grandeza como cazadores.


Como estas leyendas existen muchas, sin embargo, la esencia de ellas es destacar que desde tiempos muy antiguos los perros han formado parte de la vida de los hombres y gracias a su fidelidad y lealtad iluminan el camino de éstos, ya sea en forma de una refulgente estrella o bien como fieles compañeros de vida.

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