Los desafíos de la crianza del Border Collie


Por: Criadero Delta Borders

Iniciamos hace cerca de treinta años y, como todos en cierto sentido, en algún momento lo hicimos con un Border Collie, gracias al gusto por la raza, por pasón y también, hasta por una necesidad profesional, dado que desde aquel momento ya contábamos con una escuela de adiestramiento canino, en donde entre otras disciplinas impartíamos Agility, propiamente ese era nuestro giro principal y curiosamente no había ni un solo Border Collie en la escuela, la gran mayoría de los alumnos eran Cobrador de Labrador, una raza muy versátil y popular como mascota en nuestro país, pero no la “ideal” o “tradicional” para el Agility, lo que nos motivó a buscar al primer Border Collie.

Como buenos adiestradores caninos, en un principio tuvimos Pastor Belga Malinois, Pastor Belga Tervueren e incluso fuimos pioneros en el Pastor Holandés en el país, también contábamos ya con algunos Parson y Jack Russell Terrier, sin embargo, a pesar de ser unos ejemplares con mucha disposición y niveles de “estamina” bastante interesantes y aprovechables para esta disciplina, nos hacía falta el equilibrio y alegría que posteriormente encontramos en el Border Collie.


Con todo, llegar a la raza e importar nuestro primer ejemplar, solamente fue el inicio de esta gran aventura y darnos cuenta que no nada más estábamos en pañales, si no que, entre más aprendíamos, más nos dábamos cuenta de lo que nos faltaba, (o como hubiera dicho Sócrates, sólo sabíamos, que no sabíamos nada).


En aquel entonces prácticamente no había Border Collie en nuestro país y lo muy “poquitito” (queriendo acentuar lo poco) que se sabía que había por ahí, solían ser de la misma familia y de color negro y uno que otro rojo o azul sólido que por ahí había salido.


Así que en realidad en ese momento, cuando menos para nosotros, prácticamente todo era “nuevo” y había que descubrir qué es lo que tenía la raza para ofrecer y cómo obtener lo mejor de ella, ya que en realidad es lo que tuvimos como objetivo desde un principio, empezamos por irnos a las fuentes confiables o fidedignas, lo que en primer lugar -desde luego-, fue la norma racial, ahí encontramos que había varias “expedidas” por distintas asociaciones, la gran mayoría de ellas de tipo local, regional o nacional y ahí nos dimos cuenta que la única que tenía validez, tanto a nivel internacional, como de manera oficial o legal en México es la N° 297 expedida por la Fédération Cynologique Internationale (FCI), la cual está representada en nuestro país por la Federación Canófila Mexicana, AC (FCM).


También recurrimos a libros impresos, (en aquel entonces, obvio, eran físicos, jijijiji) lo cual era una gran ventaja, porque no a cualquier persona le publicaban un libro sobre el tema que quisiera, tenía que pasar por un proceso de investigación y aprobación, lo que nos daba la certeza de que lo que leíamos y reproducíamos, no era sólo el punto de vista de un apasionado que tal vez no sabía, pero amaba la raza como nosotros, si no que realmente nos estábamos apoyando en alguien que en verdad sabía sobre el tema.

Una vez que teníamos la norma racial oficial, ya sabíamos dentro de qué lineamientos o con qué características debíamos producir nuestros cachorros para que fueran correctos, y a qué podíamos aspirar, así como qué tanto “margen” teníamos para «imprimir nuestro sello particular» en los cachorros que criaríamos a partir de ese momento.


Además que ya teníamos la información sobre el manejo, y dentro de esta investigación nos fuimos dando cuenta de que se requerían instalaciones y condiciones especiales, tanto para asistir los partos, como para albergar y atender a los cachorros en lo que se iban a su nuevo hogar, además de que al ser una raza de trabajo, específicamente pastores, lo ideal era ir probando los nuevos ejemplares base en dicha actividad, independientemente del Agility.


Con el tiempo también nos percatamos de que, aunque el macho teóricamente sólo se requería para la monta y parecía ser el que menos atención y cuidados iba a necesitar, también implicaba trabajo, tanto de instalaciones como de manutención y acciones preventivas de salud; además, como buen «semental» de repente podía ser demandante en cuanto a ejercicio y atención durante la convivencia con otros perros, ya que por lo dominante podían llegar a rivalizar.


Una vez entendidos y solucionados los pormenores de la operación de la crianza, empezamos con la primer cruza y con ella, a darnos cuenta que lo correcto o ideal para comercializar los cachorros era registrarnos ante las distintas autoridades, pagar impuestos y cumplir con muchos requisitos, que de hecho algunos de ellos llevaron tiempo, porque piden cierta cantidad de años, conocimientos y experiencia.

Conforme fuimos encontrando los hogares ideales para nuestras crías, también nos percatamos que mucha de la gente que les daba hogar, estaban igual que nosotros al principio, llenos de amor y pasión por su cachorro y la raza, pero sin saber cómo cuidar, entrenar y atender al nuevo integrante de su familia, más allá de los obvios inconvenientes y sustos que se presentan cuando se es primerizo, de esa manera fuimos creciendo y aprendiendo de la mano del Border Collie y nuestros clientes, buscando cada vez cachorros que fueran mejores o innovadores, dentro de lo que la norma racial nos marcaba.

Así dimos con muchos colores y combinaciones que podíamos generar, ya que, a diferencia de otras razas, donde lo que se busca es uniformidad entre todos los ejemplares, en el caso del Border Collie, debido a la diversidad y riqueza de sus características las posibilidades son casi infinitas, pero también encontramos más complicaciones, ya que nos dimos cuenta que la razón por la cual la mayoría de los Border Collie eran negros y algunos otros rojos, era justamente por lo difícil del manejo de las distintas genéticas que dan las coloraciones, así fue como descubrimos los mirlos y desde luego su gran “criptonita” los doble mirlo, los diluidos, los colores máscara, etc.


"Cuando de alguna manera pensábamos que el trabajo estaba hecho y ya teníamos más o menos entendido y/o controlado cómo manejar la genética, nos dimos cuenta que era temporal porque, ejemplares base muy queridos por nosotros y muchos de los clientes, ya eran viejos y era momento de retirarlos y seguir la aventura «de la pata de una nueva generación», y cuando habíamos cumplido con todos los lineamientos legales en la materia, nos dimos cuenta que cumplir los requisitos oficiales también era temporal, ya que continuamente salen nuevas regulaciones."

Indudablemente, el reto de criar esta maravillosa raza ha sido una aventura en la que diariamente aprendemos algo inédito y con entusiasmo se escribe una nueva experiencia.


Desde hace muchos años nos dimos cuenta de que criar de manera formal o profesional no es nada fácil, en virtud de que no basta con amar a los perritos y querer vivir la experiencia de ver parir a nuestra perra, sino el atender con atingencia todo el proceso de selección de sementales y hembras idóneos, el periodo de gestación, el alumbramiento, los primeros cuidados de salud con un programa de vacunación y desparasitación, en fin, todo lo que conlleva entregar cachorros saludables, apegados a la norma racial, a sus nuevas familias.


Por último, no puedo terminar este relato sin dar las gracias a algunos de los que sin ellos esto no hubiera sido posible, e indudablemente siempre vivirán en muchos de nosotros. Gracias… Scott, Chamoy, Pericles, Chabela y todos los demás, sin olvidar a las queridas Bala, Bomba y hasta la inolvidable e insufrible Ficha, ¡hasta siempre!

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