Japón y los gatos


Por Andrea Nayeli Luvián Jáuregui


Uno de los países que tiene más presente el respeto y cariño hacia nuestros afables amigos peludos es Japón. País que ha expresado de diversas maneras su amor hacia los felinos: desde sus modas actuales o los templos que se les ofrecen, hasta establecimientos o islas enteras que llevan su nombre. Pero todo se remonta a su cultura. La cultura del país del Sol Naciente es extensa y conocida por sus criaturas que van vagando entre el mundo de los vivos y el de los muertos. Los gatos no hacen una excepción dentro de su mitología. He aquí una pequeña recopilación sobre la aparición de los gatos y el porqué los veneran tanto.


Se dice que las primeras apariciones de los gatos en las islas de Japón van vinculadas a dos cosas: la religión budista se extendió y fue traída de China a Japón, pero los ratones solían comerse los pergaminos donde los monjes guardaban sus conocimientos; y que en ese momento el comercio de seda era uno de los sustentos económicos del país, pero los roedores no paraban de comerse a los gusanos de seda. Así que los gatos se ven relacionados con el control de plagas y un gran aliado para poder solucionar sus problemas. Es por eso que guardan un espacio para ellos en el corazón del país.


Los gatos dentro de las fronteras del país nipón son vistos como buenos y adorables amuletos para la buena fortuna y como protectores para sus dueños. Esto se debe a las múltiples leyendas y mitos con los que se les relaciona. Sin embargo, la más famosa es la del maneki-neko (招き猫), “gato que invita a pasar”. Cuenta la leyenda que un día un monje estaba en su templo cuando un gato calicó, al que nombró Tama, llegó a sus puertas pidiendo comida y vivienda. El monje gustoso le ofreció lo que pedía. Después de unos días Naokata, el señor feudal de esas comarcas que dotaba de grandes fortunas en tierras y dinero, se encontraba varado en el bosque, protegiéndose bajo un árbol de la violenta tormenta que azotaba en ese momento.


Entonces, Tama se le apareció en frente y moviendo su pata lo invitó a que lo siguiera al templo. El señor, extrañado por lo peculiar del gato, lo siguió y unos segundos después de separarse del árbol, un rayo cayó incinerando por completo el tronco donde se encontraba. A partir de ese momento el señor, conmovido por el acto del pequeño gato tricolor, empezó a donar grandes cantidades de dinero y tierras fértiles al templo. Al paso de unos años Tama murió y el monje le hizo una estatua donde estaba su tumba a la que se le llamó maneki-neko. Este se encuentra en la actualidad en el templo Gotokuji donde se le sigue venerando, además de que la leyenda se ha esparcido por todo el archipiélago, convirtiéndose en un símbolo de protección y buena suerte, principalmente para establecimientos o negocios, ya que según la pata que esté levantando o los colores que presume en su pelaje, es el tipo de fortuna que le traerá al dueño del negocio.


Aunque para que exista algo bueno y benevolente necesitamos algo malvado y travieso. Dentro de la cultura japonesa quienes toman el lugar de los malos de la historia son los Bakeneko (化け猫) “gato cambiante”, y el Nekomata (猫又) “gato bifurcado” o “gato otra vez”. Estos gatos no siempre son malos, pero debido a que pertenecen al grupo de los yokai, criaturas sobrenaturales normalmente traviesas que gustan de molestar, maldecir o devorar a los humanos, se les suele condenar al mal augurio y a cualquier suceso paranormal que suceda.


El bakeneko es un gato que, al llegar a una cierta edad, adquiere poderes sobrenaturales como caminar en dos patas, poder hablar el idioma humano, aparecer en los sueños de las personas, producir luces o bolas fantasmales, controlar a los muertos y aumentar de tamaño, entre otros. A la mayoría de los protagonistas gatunos que aparecen en las leyendas japonesas se les considera unos bakenekos por su inteligencia y astucia al actuar. Hay incluso algunos que se atreven a decir que el maneki-neko era un bakeneko que, al ser cuidado y tratado tanto con cuidado como con amor por el monje, expresó sus poderes sobrenaturales para el bien de su cuidador.


Hay una leyenda que habla de Takasu quien era un hombre que vivía con su madre y su gato, hasta que éste desapareció. A partir de ese momento, su madre empezó a comportarse de manera extraña hasta el punto de encerrarse en su cuarto y no salir. Un día Takasu encontró la puerta de su madre abierta y se asomó. Lo que vio lo dejo sin palabras. Era una figura enorme que se asemejaba a un gato y este se estaba devorando a un humano. Su gato se había convertido en un bakeneko devorador de humanos.


A diferencia del bakeneko, el nekomata, además de necesitar una cierta edad (la edad depende según la prefectura de Japón), un minino se convierte en un nekomata cuando su cola se bifurca obteniendo así un gato de dos colas, de ahí su nombre “bifurcado” u “otra vez”. Dentro del folclor japonés estos gatos llegan a ser relacionados con la muerte, ya que son yokais malignos y más oscuros que los bakenekos. Incluso hay japoneses que no se atreven a mantener a un gato por un periodo largo de tiempo debido al miedo de que se conviertan en nekomatas.


Una de las leyendas más famosas sobre los nekomatas es la de “El fuego del nekomata” (猫又の火) donde se cuenta la historia de un samurái cuya casa presenta sucesos paranormales. Su casa volvió a la normalidad sólo después de haber matado al gato de la familia del que se descubre tenía dos colas.

Dentro de la cultura japonesa se suele relacionar los poderes sobrenaturales de un animal con las colas que porta, debido a eso se cree que el nekomata es más poderoso y maligno que el bakeneko. De ahí que antes era muy común cortarles la cola a los gatos, con el propósito de que no se pudieran convertir en espíritus malignos. Con el paso del tiempo la evolución hizo su trabajo y la selección natural creó a una nueva raza perteneciente de Japón: el bobtail japonés.


Esta raza de gatos es característica por tener una cola corta como la de un conejo, donde su pelo crece más grueso y más largo que el resto de su cuerpo, haciendo la ilusión de portar un pompón en vez de cola. Esta raza suele ser muy inteligente, además de hábil y muy amistosa, ya que se lleva muy bien con los de su especie y los demás animales, además de disfrutar la compañía humana. Los bobtail japoneses suelen ser una raza bastante maulladora, sin contar que son juguetones por naturaleza. A estos gatos les agradan los climas templados. Esta raza es originaria de Japón, aunque se esparció por el mundo en la década de los setentas, cuando viajó al otro lado del mundo llegando principalmente a Estados Unidos.


Como ya pudiste ver, los gatos son tanto temidos como amados por los habitantes del país nipón. Forman su cultura, sus tradiciones y su forma de vivir. Dejan su suerte y fortuna a ellos y al mismo tiempo procuran respetarlos para no ofender a tan majestuosas y elegantes criaturas. Por eso es que tan peludos como son, los japoneses aprecian a estas honorables criaturas.

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