Historia de un campeón


Por Edmundo Becerril


Nunca pensé en llegar a competirlo y mucho menos en el máximo nivel de Ring Francés, pero Kenay, mi perro Pastor Holandés, fue dando la pauta, la garra y todo su potencial para llegar hasta la cima. Él tenía esa chispa, ese espíritu competitivo el cual hizo que llegáramos a ser los mejores en México.

Aún recuerdo cuando fui por mi perra, era más pequeña que un escalón, aunque en ese momento no sabía nada de perros. Canon, la mamá del tricampeón mexicano, fue con quien inicié en el mundo de las competencias de perros. El 28 de marzo del 2004 tuvo su primera camada, de los 11 cachorros que vivieron, sólo uno no intentó morderme, sino que me defendió, y ese fue Kenay.


No sé cómo explicar lo que sentí al verlo, pero a medida que fue creciendo, y mejor aún, cuando decidí quedarme con él, vinieron una serie de cambios en mi familia, pero sobre todo en mi vida. Su nombre fue gracias a la película “Tierra de Osos” donde el protagonista es un oso llamado Kenay.


Tras seis meses de entrenamiento, fue en Expocan donde Kenay comenzó a morder traje, ahí me di cuenta de que tenía las cualidades necesarias para hacer el deporte de Ring Francés. Le enseñamos durante toda su formación a que mordiera debajo de la rodilla, dos días antes de su primera competencia él decidió morder arriba.


Nuestra aventura en el Ring Francés comenzó el 20 de agosto del 2005 en Morelos. Tenía nervios, una sensación rara, no sabía cómo iba a reaccionar a su Brevet, éramos los novatos de la competencia, estábamos contra las mejores escuelas de la ciudad de México, nadie creía en nosotros. Tuvimos el primer lugar con una calificación de 94.3 de 100 puntos. En esa misma competencia le otorgan un premio adicional como Mejor Perro de Trabajo.

El siguiente año nos presentamos en el campeonato de Ring 1, donde obtuvimos el 4º. lugar. No quedamos conformes con eso, así que seguimos entrenándolo y para el siguiente campeonato de Ring 1, quedamos en primer lugar, obtuvimos la copa.


Comenzamos el nivel 2 de Ring francés en el 2007, en el campeonato obtuvimos el segundo lugar; fue un perro francés quien nos ganó. A pesar de que alguien me dijo que los grandes perros no ganan en Ring 2, fue un golpe duro y me desanimé.


Tomamos unas vacaciones de las competencias, yo con miles de preguntas, ¿Kenay podría dar más de sí mismo?, ¿seríamos lo suficientemente buenos para seguir o sería mejor no presentarnos en el nivel 3?, ¿este es nuestro nivel máximo?, a pesar de mis dudas Kenay parecía no notar mi preocupación, o tal vez él con su ánimo y felicidad me daba a entender que debíamos seguir.


Fue que me acerqué a mi amigo y mentor, Óscar Kelley, y le pregunté ¿Crees que el perro es para el nivel tres? Los múltiples ejercicios, los saltos de más altura y distancia, eran de lo poco que me preocupaba. Su respuesta fue concreta y simple: hagámoslo Ring 3.


Con cada entrenamiento, cada minuto en el campo, Kenay nos demostraba que podía dar más de lo que pensábamos, era como si nos retara, como si nos hubiera dicho: “Que fácil, pónganmela más difícil”.


Entonces en el 2009 nos presentamos en el campeonato de Ring 3, el nivel considerado como el combate entre el hombre y el perro. Competíamos contra los mejores, la “elite” de entrenadores de México, contra todos lo que admiraba y respetaba. Ese año todos me decían que para ser campeón uno debía llamarse Fernando, ya que los tres campeones pasados tenían el nombre Fernando. A pesar de que teníamos todo en contra, quedamos en primer lugar. Nos llevamos la copa y le puse una placa con nuestros nombres.


El siguiente año nos volvimos a presentar en el campeonato y nos convertimos en bicampeones. Quién diría que los novatos, los que tan sólo unos años antes apenas sabían algo de perros, podríamos llegar a ese nivel.


No nos quedamos ahí, el tercer año fue el mejor, hicimos historia y lo que nadie hubiera creído, nos volvimos tricampeones, con un perro cien por ciento mexicano, hecho por mexicanos. Hoy la copa, la copa está donde nació Kenay, con las tres placas con nuestros nombres.


Nuestras aventuras no terminaron aquí en México, fuimos a Francia a competir, Kenay fue el único perro nacido fuera de Francia en ganar una competencia de nivel 3 con más de 387 puntos.


Kenay y yo fuimos una pareja imparable. Lo que logramos fue por los dos, él siempre me inspiró a seguir.

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