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El Bullmastiff


Por Jessica Teszler

Foto Hugo Francisco Pascual | Ubaldo Sánchez Arenas


El Bullmastiff es una raza que tiene su origen en Gran Bretaña, que supo desarrollarse durante los siglos XVIII y XIX. Nace del cruce entre el Mastiff, su antepasado más directo, con otras razas, entre ellos el Bulldog Inglés. La selección dada del cruce de estas diferentes razas contribuyeron a lograr un perro más ágil, compacto y capaz de realizar mejor su función. Su origen se dio por la necesidad de los nobles británicos de proteger sus territorios de los ladrones y trabajar junto a sus guardabosques. Su función era perseguir a los ladrones, sin ser descubiertos, acorralarlos e inmovilizarlos mientras su amo llegaba para hacerse cargo de ellos. Se buscaba entonces un perro con carácter fuerte, pero equilibrado, fácil de adiestrar y que utilizara su boca como última opción, cumpliendo así con las dos funciones de poder ser un perro de familia y de guardia. El Bullmastiff pertenece al Grupo 2, pero lejos está de ser el clásico perro de guardia y defensa, ya que esta raza se concentra en la protección de nuestra familia.

Cuando pensamos en un Bullmastiff estamos hablando de un perro de construcción poderosa y simétrica. Demuestra gran fuerza aunque lejos está de ser un perro pesado. Una parte fundamental de esta raza es la cabeza de gran tamaño, de aspecto cuadrado con un hocico también cuadrado, ojos oscuros, orejas gruesas en forma de V, pequeñas en proporción a su cabeza y de color más oscuro que el resto del cuerpo. La máscara negra es indispensable y contribuye a su expresión. Posee un cuello prácticamente del mismo diámetro de su cabeza, fuerte, musculado y ancho, que termina en un pecho profundo. Tiene que tener un dorso muy musculado y recto, el dorso cóncavo o convexo son aspectos no deseados. En su movimiento el Bullmastiff muestra ser un perro robusto, pero ágil, transmitiendo fuerza y determinación. En cuanto a su pelaje, cualquier tono atigrado, leonado o rojo está permitido y se acepta una leve marca blanca en el pecho.


En cuanto a su crecimiento, no tendremos un Bullmastiff completamente desarrollado antes de los tres años aproximadamente. El primer año tiene un crecimiento muy rápido, pero el que debemos saber respetar. El secreto de esta raza es llenarnos de paciencia y esperarlos, respetar sus tiempos. Luego tendremos un periodo más bien lento de desarrollo, sobre todo muscular. Como todas las razas, el Bullmastiff tiene algunas enfermedades que son características de la misma, entre ellas la displasia de cadera. Esto se ha podido controlar gracias a que en países -por ejemplo Uruguay-, se realizan placas de control de cadera de forma obligatoria a partir de los 18 meses de edad. El exceso de piel en la cabeza, puede derivar en que se produzca entropión en los ojos.


El Bullmastiff es una raza cuyo promedio de vida ronda los 10 años y goza de buena salud. Sin dudas seleccionando ejemplares sanos como reproductores podemos ir erradicando lo más posible la incidencia de estas enfermedades.


El Bullmastiff es sin dudas un perro de familia, sobre todo de los niños, su lado amable, tranquilo, paciente, compañero, lo hacen el perro perfecto para una vida familiar. Sumamente delicado ante los pequeños de la casa, cuidadoso en sus movimientos, con una gran tolerancia, pero con un enorme sentido de protección lo hacen el compañero, ideal para los chicos. Si hay niños en la familia, siempre encontraran al perro a su lado acompañándolos en sus travesuras y cuidándolos.



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