¿Criar?, ¿para quién? ¿Compartirlo?, ¿con quién?
- PerrosPuraSangre

- 17 ene
- 5 Min. de lectura

Por Carlos M. del Valle Ruiz
Adquirí mi primer beagle cuando tenía 12 años de edad, y llegó a mí por circunstancias de la vida, las que nos llevaron a mi familia y a mí a buscar un perro para nuestra casa, por lo que, ante la decisión de hacernos de una bonita mascota, nos asesoramos con nuestro veterinario de toda la vida, quien después de escucharnos sobre las características del perro que queríamos nos dijo: sin duda, un beagle.
Y recuerdo perfectamente bien cuáles eran esas características; le dije, quiero un perro chico, pero no enano como un chihuahueño, sino que sea alegre, juguetón, resistente y de poco mantenimiento estético. Que tenga energía para jugar, pero que no sea extremadamente hiperactivo, pero sobre todo, que tenga un enorme corazón. Y así fue como, después de describir a mi perro perfecto, mis padres me regalaron mi primer cachorra, Priska.
Poco sabía yo que esa preciosa cachorra tricolor sería tan solo el inicio de toda una vida dentro de la raza. Fue al poco tiempo de tenerla que me fui enamorando cada vez más de su forma de ser, de su temperamento, de su amor a mí, y entonces por casualidad me ofrecieron un perro “de exposición”, de lo cual no sabía de qué me hablaban, pero en fin, después de que me lo ofrecieran como la octava maravilla del mundo, mis padres nuevamente me apoyaron a adquirir a Speedy y fue así como empecé mi vida en los shows.
Par de años después tuve mi primer camada, la cual recordaré por el resto de mi vida por que ha sido una de las experiencias más emocionantes y gratificantes que he vivido, y fue por ahí del 2004, que oficialmente me convertí en criador.
De esa primer camada conservé una hembra que llamé Priscila, y fue mi primer cría en participar en conformación y belleza, pero aquí entre nos, bella bella no era, sin embargo, ante mis ojos era la perfección hecha perra.
Después de un par de desilusiones (que eran de esperarse), con Priscila en el ring y gracias a un consejo que me dio mi papá, quien me dijo “Car, si vas a hacer las cosas, hay que hacerlas bien”, fue que decidí que no era Priscila el camino que yo quería seguir como criador, así que con todo el dolor de mi corazón y con apenas 14 años de edad, tomé la decisión de dejar ir a Priscila a formar parte de una preciosa familia en la cual tuviera la mejor de las vidas.
Hasta este momento no había tenido yo ningún acercamiento o asesoría por parte de un criador profesional de la raza, pero fue entonces que decidí buscar ayuda, y gracias a Dios tuve la fortuna de encontrarme en ese momento con apoyo incondicional de gente que ya estaba dentro de la raza y la vida de shows desde hacía tiempo.
Fue así como empecé este increíble viaje que 22 años después sigo recorriendo. Me hice en ese momento de un par de cachorras bien criadas para los shows y como base para ir generando mi propio programa de selección y crianza, sin embargo, hasta ese momento todo era color de rosa, hasta que con el paso del tiempo me fui dando cuenta de que ser un criador ético y responsable, conlleva un camino con muchas piedras y tropiezos.
Y es de ahí que nace el título de estas palabras que comparto hoy con ustedes “¿Criar?, ¿para quién?”, ya que en las muchas experiencias tanto buenas como malas que he tenido a lo largo de estos años, me he topado con muchísima gente que dice criar lo que la gente les va a comprar, cosa que está fatal.
Dentro de esas experiencias también he recibido comentarios como “yo creo que tal perra te hubiera producido mejor con tal macho” o “si yo fuera tú, haría esto o lo otro”, y es donde mi enfoque se queda en que si estoy criando, es para mí y nadie más, es en base a lo que quiero mejorar de la raza, en las líneas genéticas que me gustan o las características que quiero fijar dentro de mi programa de selección y crianza, y ya si después de eso a los demás les gusta mi trabajo, excelente, pero si no, también está bien, porque al final del día crío para mí y mi propia satisfacción.
Brinco ahora a la segunda parte del título, y lo incluyo porque mi travesía como criador no sería la misma si no tuviera con quién compartir mis planes, mis camadas, mis cachorros y mis logros, pues en mi opinión esto es un hobby preciosamente divino si está tu familia para apoyarte y compartir contigo.
Desde muy chico fui un apasionado de los animales, cuanto animal y especie quieran imaginarse, y cuando entré a la canofilia no tuve más que apoyo de mis padres a quienes les voy a estar eternamente agradecido por haberme impulsado en mi camino y apoyado tanto financiera como emocionalmente, porque nunca me dijeron ‘no se puede’, o ‘está muy complicado’, sino que al contrario, siempre me incentivaron a seguir adelante, a no rajarme, a luchar por mis ideales como criador.
Me acuerdo como si hubiera sido ayer, cada show al que asistimos y me llevaron para ir a ver a mis perros competir, y pasarnos horas y horas bajo el sol esperando una categoría o un mejor de grupo, y también me acuerdo como estuvieron ahí conmigo seguramente aburridos de tanto perro pero nunca con una mala actitud. Y ese impulso, esa motivación y esa certeza que tenían de confiar en lo que yo quería hacer, es lo que me llevó a estar a donde hoy estoy.
La vida pasa, la gente crece y cada vez nos hacemos menos jóvenes, y hoy estoy compartiendo esta misma pasión, pero ahora con mi propia familia, mi esposa, mis hijos, y es de lo más bonito que me ha tocado vivir; ver cómo mis hijos van creciendo y ya no solo les gusta jugar con los cachorros, sino que están conmigo en cada parto rompiendo una membrana, sacando una placenta y lloviendo líquido amniótico por todos lados, y aún así, ahí están, con la misma pasión con la que algún día empecé y compartirlo con ellos es de lo más gratificante que la vida me ha regalado.
Ver sus caras de emoción cuando uno de sus perros gana, o pedirme que les enseñe a posar un cachorro en la mesa, todo, absolutamente todo hace sentido.
Para ir cerrando esto que ya parece más autobiografía que artículo sobre beagles, quiero brincarme a hablar más en específico de mi raza.
La encontré por casualidad, pero por algo ahí me quedé, y es porque así como dice el dicho en inglés que los beagles son un “Merry Little hound” que traducido al español sería algo como un pequeño, feliz y vibrante sabueso, es la descripción perfecta para estas bellezas de cuatro patas.
Una raza inteligente y un poco terca, que hacen la combinación perfecta para divertirte un buen rato. Una raza a la que le encanta la compañía humana, que para mí es la cereza del pastel. Activos y con necesidad de movimiento y convivencia diaria, pero unas criaturas divinas cuando están tranquilos, después de un buen rato de correr y jugar.
Si estás aquí y te identificas con lo que acabas de leer, no lo pienses dos veces, los beagle son para ti.







Comentarios