Bull Terrier Inglés: distintos y únicos


Por. Francisco Solana Martínez

Director del Museo y Jardín Botánico Nuttall


Al referirnos a los perros Bull Terrier Inglés, por asociación de ideas muchas personas los ubicarán en base a una de las tantas cualidades que distinguen al hermoso perro por su capacidad gladiatoria. No obstante esos dotes, poseen otros más interesantes que por su compañía los hacen elegibles, me refiero a su lealtad, su amorosa manera de ser, la compañía atenta e inteligente que prodigan y al mismo tiempo su actitud independiente, con respuestas de carácter que sorprenden por ser profundamente cariñosas y aficionadas al afecto de los miembros de la familia; en realidad es un perro de compañía.


Estos hermosos animales poseen características únicas que los distinguen de los demás y los destacan físicamente de manera inequívoca; unas de esas particularidades empiezan en su conformación atlética y fornida, con una cabeza acarnerada que nos obliga a una descripción técnica: poseen ejes cráneo-faciales divergentes, lo cual les confiere un aire exótico y elegante a la vez.

El momento en el que estos perros son consolidados, podría decirse que se remonta a los años 1850/1860 y para poder comprender un poco mejor los elementos que intervinieron en su desarrollo debemos considerar que hablamos de un momento extraordinario para la Gran Bretaña, en esos años la isla era gobernada por una monarca longeva y creadora como fue la reina Victoria (1837-1901) sus mandatos y astucia empresarial catapultó a la isla a una transformación enorme con la inercia de la Revolución Industrial iniciada entonces, la cual habría de contribuir a modificar la vida y acciones prácticamente de toda la Europa de entonces.


Los problemas acontecidos con el desplazamiento de la mano de obra, es decir, al suplirse las personas por la maquinaria implementada en las fábricas para las funciones industriales, muchas de esas personas perdieron su empleo y quedaron en la calle sin soluciones aparentes. Así que estas acciones tuvieron reacciones medibles con la inseguridad que empezó a asomarse entre las calles y aparecer en torno a los comercios; los ladrones que en otro momento no lo serían, empezaron a abundar por las carencias sufridas en la isla de la Gran Bretaña.


Ese momento difícil vivían algunas ciudades desarrolladas allí, en un ambiente húmedo y con mucha movilidad humana, carretas con mercancías y personas irían y vendrían en las calles de Londres, jaladas por bueyes y caballos en un ambiente que podríamos describir como lodoso y muy transitado, en el que la seguridad empezó a tomar dimensiones importantes. Tal vez este es uno de los elementos que impulsaría a los criadores de perros de entonces a concebir un animal útil, seguro y versátil como el Bull Terrier Inglés.


La historia empieza mucho más atrás en el tiempo, inclusive más atrás que la intervención misma de James Hinks, el irlandés considerado uno de los principales consolidadores de la raza, ya que él mismo utilizó animales que habían sido seleccionados y especializados en las funciones de perros de carnicería, perros de guerra y caza. Este personaje irlandés nació y creció en un ambiente de extrema incertidumbre y hambre, provocada por la eficiencia sumada de las máquinas implementadas en las diferentes industrias, las cuales ocupaban la mano de obra que entonces sufría por el desempleo.


Las modas y las tendencias filosóficas chocaban en una sociedad divergente con muchas diferencias entre sí. Pero veamos un poco más del sitio a través de las acciones de James Hinks, quien decidió mudarse a la ciudad de Birmingham, donde trabajaba como obrero en la fundición. El empeño puesto a su trabajo y la dedicación en lo que hacía empezaron a mejorarle el horizonte, comparado con la multitud de jóvenes ingleses, escoses e irlandeses que sufrían el desempleo y el hambre atroz a grados de inanición -como sucedió en muchos casos-, principalmente durante los inviernos fríos e inmisericordes para quienes no tenían asegurados el techo y el pan.

Aparentemente nuestro personaje se aferró al trabajo desarrollándolo con eficacia y talento características que promovieron su estabilidad, al grado de sentirse confiado para contraer nupcias con Elizabeth Moore y traer al mundo a sus primeros hijos. Una de sus actividades complementarias empezó a ser la compra-venta de aves de corral. La proveeduría de alimentos baratos en una Gran Bretaña que recaudaba fortunas de sus colonias e implementaba batallas para la ampliación de su espectro comercial, se traducía en bonanza para algunos de sus pobladores, aquellos que habrían saltado el difícil trance del desplazamiento que la industrialización generó, como en el caso de James Hinks -quien prefirió diversificarse-, tres años más tarde -en 1854-, habría mejorado considerablemente su economía y como resultado de ello, dejó de trabajar como obrero en la fundición y ahora se dedicaba de tiempo completo a la venta de aves de corral, aves de ornato y cría de perros.

En esos años de 1854 inició con la venta de animales diversos, también su criadero de perros en el que crio a su famoso: Old Madman, que habría de ser fundamental para los que vendrían después. Su desarrollo económico estaría de la mano del éxito de la Gran Bretaña, ya que seguramente prodigó a sus hijos muchas oportunidades adicionales que Hinks supo aprovechar bien, ya que además de haber procreado a ocho hijos, seguramente vivirían mucho mejor y tendrían más oportunidades que su padre en Irlanda, un poco antes en el tiempo.


Logró inscribirse como criador y quedó registrado en el “libro de direcciones” en 1864, donde se asentaban los datos de los criadores de entonces para disponer de sus generales por si se requerían. En esos años de insidioso desarrollo económico y contrastante pobreza, sufrieron la muerte por inanición muchísimas personas, otros miles murieron por la epidemia de tifus provocada por las pulgas de las ratas, la desesperación de la ciudadanía pobre se enardecía pues los viajes marinos y los barcos que entraban y salían, eran el más eficaz transporte para las ratas que pulularon en aquellos ambientes poco higiénicos. Sabemos que las personas de las casas que vivían en altos en los edificios, para limpiar su casa simplemente abrían la ventana y vaciaban el contenido de sus bacinicas sin importar nada, ni los transeúntes, quienes estaban obligados a esquivar dichos obstáculos y proyectiles; ya podemos imaginar lo demás.


Debemos considerar que, aunque las peleas donde participaban perros en Gran Bretaña fueron prohibidas a partir de 1830, lo cierto es que el carácter recaudatorio de la nefasta práctica suavizó los criterios de tal restricción, en algunos casos intercambiando la prohibición por más dinero. Inclusive se sabe de alcaldes que promovían las peleas de un modo esquivo y premeditado. Las prohibiciones habían sido dictadas para las peleas con perros y osos o con toros e inclusive otras fieras, no obstante, a partir de 1830 aparentemente empieza el interés por diseñar a un tipo de peleas perro con perro, así que era el momento de diseñar uno más pequeño y ágil que los originales perros de carnicería, como se les llamaba entonces a algunos de los ancestros de nuestros elegantes perros Bull Terrier Inglés de hoy, este peculiar nombre les era propio por la actividad que desarrollaban como perros de carnicería al ayudar a los tablajeros a arrear y controlar las reses y los cerdos, llevándolos de un sitio al otro para su aprovechamiento, en esas tareas se requerían perros valientes, decididos y muy fuertes, así eran los ancestros de los actuales Bull Terrier Inglés, los cuales para perfeccionarlos fueron cruzados selectivamente con ejemplares destacados utilizados como razas fundacionales, tal es el caso del Antiguo Bull Dog y otros molosos afines dentro del espectro de los Bull Dog, para las ocupaciones de ayudantes de carnicero.


Con el paso de los años y la prohibición establecida por el gobierno de la Gran Bretaña en 1830, los canófilos empezaron a buscar alternativas para poder seguir haciendo combates que les proveyeran cuantiosas sumas de dinero ilegal por la vía de las apuestas. Entonces empezaron a buscar perros más chicos, a generar cruzas selectivas con diferentes razas de terriers y del espectro Bull and Terrier con la introducción de importantes y básicas como el Terrier Blanco Inglés (White English Terrier), el cual por desgracia en la actualidad se encuentra extinto y con cuya cruza se perfiló una cabeza estilizada y larga, con una complexión general robusta, pero equilibrada; así fue como nació el Old White Bull Terrier.


Este hermoso perro Antiguo Bull Terrier Blanco, habría de superar y hacer desaparecer algunos detalles anómalos en la estética canina de los perros de carnicería de entonces, me refiero que con esta nueva raza se habían obtenido animales que no tenían el lomo pando, como estaban acostumbrados a ver a muchos de los perros luchadores de entonces; además, esta nueva raza presentaba las extremidades bien aplomadas, rectas y eso era fuera de serie, entonces se observaba como un animal poderoso, capaz de ser un gladiador, pero con todas características mejores que le permitían evolucionar y participar en exposiciones de belleza canina que en esos años eran apoyadas por la administración de la realeza, ya que dentro de las actividades diseñadas por la monarca, la reina Victoria, estaba la creación de la Gran Exposición, en el Crystal Palace de Londres, considerada la gran feria mundial, la más importante comercialmente, en esos años y por muchos más adelante. De hecho, es uno de los indicativos de bonanza económica proyectada por la hegemonía de la Gran Bretaña.


En esos años se buscaba un perro que fuera más fácil de transportar y de hacer pasar desapercibido para las autoridades rectoras, quien en muchos casos velaban a favor de la ley prohibitiva en relación a las peleas con perros y en otras estaban de acuerdo en maquillar la orden del gobierno al escudarlas diciendo: Se tiene comprobado que la carne de las reses se hará más suave y suculenta si antes de sacrificar al animal, son azuzadas por los perros. Con esta ingenua abstracción, esquivaron la orden del gobierno central y en muchos lugares se siguió cobrando por los espectáculos de combate a nivel de autorización recaudatoria. Este procedimiento obligó a muchas personas a iniciar una carrera en la busca del mejor animal para tales fines, es decir: ahora parcialmente prohibidas, sólo autorizadas si mediaba la intención recaudatoria de quien emitía el permiso. Así que cuando las pestes de tifo y la pululación de ratas se incrementaron, el interés por esas criaturas formidables, resueltas, ágiles, inteligentes, de talla más pequeña y manejable que, además debido a las cruzas con los terriers se habían convertido en formidables cazadores de alimañas, tuvieron una difusión creciente y bien aceptada.


El interés por los perros de Hinks se debía a los resultados que había obtenido con sus cruzas, ya que había logrado destacadas victorias aun en contra de adversarios más grandes y aparentemente más fuertes que a los pobres perros que expuso, incluso se cita en la literatura del caso que destaca uno en particular que ganó una pelea sorprendentemente, se trataba de una perra de su propiedad, llamada Puss, la cual fue enfrentada a un combate desigual pues el adversario resultaba ser más del doble de tamaño y peso, sin embargo, la perra del personaje lo venció, este no era el punto, lo interesante fue cuando llevó a la misma perra a un certamen de belleza al otro día, para erigirse como vencedora también. Así que este particular detalle nos habla de la evolución que el mismo Hinks estaba experimentando, dejando atrás, convenientemente a las desangrantes luchas de perros contra perros, para evolucionar a las exposiciones de belleza, los hermosos perros de Hinks, los Caballeros Blancos, finalmente habrían de hacer su aparición en los rines de belleza llamando la atención del público y los jueces con un interés creciente y bien identificado.


Si bien es cierto que la negativa actividad de las peleas había sido velada por las argucias legales, estaban parcialmente solapadas por la autoridad, no obstante, este ingrediente le dio impulso a Hinks, quien dejó testimonio en los registros de perros de entonces, acerca de algunas pistas para entender el origen hipotético que podría contener la raza Bull Terrier Inglés, con los cuales otorgaron a los Caballeros Blancos, como más tarde se les conocería, una distinción especial alcanzada por los perros del irlandés Hinks, con la figura y el genio actuales. Así se encuentra documentado en los libros de registro canófilo de Bretaña, perros a su nombre entre 1855 a 1869 de las siguientes razas: Bull and Terrier, Antiguo Bull Dog, dálmatas y galgos ingleses. Estos animales están registrados lo mismo que los padres de ellos a nombre de James Hink. Algunos estudiosos sugieren que Hinks también echó mano de los recursos genéticos de los Perdigueros de Burgos y los Fox Hound, practicando con sus cruzas selectivas incursionó en la cromatología canina y produjo ejemplares blancos sólidos que el público prefería.

Uno de los más grandes aciertos fue presentar a un perro limpio, sin papada, bien angulado, con lomos rectos, atento, fuerte y ágil a toda vista durante el primer Grand Dog Show de Gran Bretaña, donde triunfaron impresionantemente. Lo interesante del relato se inclina por los resultados obtenidos después, ya que en la medida que los concursos de belleza se incrementaron, fue disminuyendo considerablemente el uso de hoyos para las peleas con perros. Al final nos transmite una enseñanza: nuestra afinidad con los perros y el del cómo ha evolucionado nuestra convivencia con ellos, utilizándonos mutuamente a lo largo de la historia. Una asociatividad con ellos que ha sido definitivamente destacada y muy variada. En ese constante evolucionar de nuestra sociedad, algunos indicadores facilitan la interpretación de una paulatina disminución de las peleas en la medida en que se ofrecieron alternativas de convivencia con nuestros amigos de cuatro patas.

Rápidamente fue acogido por el público y parece que el fervor por el color blanco sólido vendría de las preferencias de algunos jueces, quienes motivaron aparentemente al creativo personaje irlandés en la realización de su sueño canófilo hecho realidad. Con el paso de los años y particularmente a partir de 1900 empezó una inquietud por el público en el sentido de obtener unos Caballeros Blancos en tamaño miniatura, aunque se sabía de su existencia desde muchas décadas antes, habían sido rechazados siempre, hasta que en 1938 se reactiva el interés encabezado por el coronel Richard Glyn, quien en compañía de sus amigos fueron los fundadores del Club del Bull Terrier Inglés Miniatura en el que incluyeron las mismas disposiciones para el estándar racial que su gemelo de mayor tamaño, y es éste el único que los diferenciará, ya que el miniatura tendrá una altura de 30 centímetros a la cruz, en tanto su gemelo podrá ser tan grande como sea siempre y cuando conserve el balance y criterios de funcionalidad implícitos en la raza.


Fue tan elocuente la preferencia del público por un perrito así, que fueron muy admirados cuando se percataron que por pequeño que fuera, el perrito se sentiría adversario competente para cualquiera, sin mostrar miedo. Así que su recepción al público fue calurosa y afectiva como su temperamento con todos los miembros de la casa, a quienes ama y cuida desmedidamente.

A principio del siglo XX es también cuando empezó a valorarse la belleza y complementariedad de los diferentes colores en los mantos de la raza, definidos y extraordinariamente lucidores como los que podemos gozar en la actualidad.


A principios del siglo XX la aceptación en los rines de belleza donde se presentaban ejemplares de colores diversos empezaron a ser bien vistos, además con el paso de los años se convirtieron en complementarios para la raza, ya no se hacían las notorias diferencias en relación a si era blanco procedente de padres con otros colores, entonces sólo se utilizarían para la cría y no se llevarían a las competencias, frente a los blancos hijos de blancos que eran los únicos permitidos en las exhibiciones de belleza de entonces. Finalmente se pudo comprobar que la cromatología, por variante y diferente que fuera, no interfería en el fabuloso temperamento y en el equilibrio de los animales bien sociabilizados, así que poco a poco, siguiendo las preferencias del público, empezaron a presentarse en los espectáculos de belleza los formidables perros con los colores que podemos disfrutar el día de hoy.


Este compañero entrañable requiere ser sociabilizado convenientemente, es decir: salir con él, presentarlo desde cachorrito con otros perros y con otros animales, así como exponerlo frente a situaciones diferentes y variadas con la intención de que se familiarice con ellas y socialice su manera de ser, por tanto, no muestre reacciones agresivas con las que pretenda defender a sus amigos humanos y sus pertenencias. Sabiéndolos sociables, se convertirán en criaturas amorosas e inteligentes, capaces de tener una versatilidad enorme con sobrada capacidad para convivir con otros perros y otros animales, todo depende de la sociabilización proporcionada desde cachorrito, entonces y en todas las ocasiones serán bien aceptados y recibidos, además por limpios y respetuosos adicionalmente. Los Bull Terrier Inglés y su simpatía, harán todo lo demás en los corazones de aquellos con los que se encuentren en el camino de vida y tengan la fortuna de convivir con uno de ellos.

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