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Aspectos a evaluar en las Intervenciones Asistidas con Animales


Binomio conformado por Jenny Aragón y Canela en su 1ra visita a Hogar Marillac con supervisión de un manejador ya experimentado en esta institución para dar guía y evaluar desempeño. (foto de Jenny Aragón, marzo 2005)


Por Jenny M. E. Aragón Leyva, Experta en Intervenciones Asistidas con Animales

Directora de “Dejando Huella Educando”, Querétaro.


A lo largo de los ya 20 años de experiencia que tengo en el campo de las Intervenciones Asistidas con Animales he podido encontrar todo tipo de grupos y modelos de trabajo y he tenido la oportunidad de vivir experiencias muy variadas con gente de distintos países.

Sin embargo y a pesar de todas las asociaciones con las que he tenido contacto, ha sido muy difícil encontrar una estructura medular clara que prevalezca en torno a lo qué es necesario evaluar, cómo evaluar, a quién evaluar y cada cuánto evaluar. Incluso en el tema central de qué hace un animal de terapia, con quién y para quién trabaja y cómo desarrollar sus habilidades, aún hay mucha variedad de propuestas y hasta confusión de términos.


¿Cómo puede haber esta confusión? Pues resulta que ni siquiera hemos podido llegar a homologar la terminología adecuada para diferenciarnos de otros animales de trabajo y tampoco para referirnos a las distintas modalidades que abarcan las Intervenciones Asistidas con Animales. Lo que veo con frecuencia es que cada organización o asociación presenta un modelo como único y válido sin espacio para plantear en qué momento este modelo podría ser conveniente en mayor o menor medida o incluso como una alternativa más, para el usuario final y/o para el equipo que brinda el servicio.


Es por todo lo anterior que si bien es muy fácil encontrar “directrices”, “guías”, “recomendaciones” o ”principios” bajo los cuales deberán realizarse las Intervenciones Asistidas con Animales, es muy difícil encontrar protocolos concretos para el caso y ésta es una situación generalizada en todo el mundo. Lo preocupante de esto, es que como la mayoría de este trabajo es voluntario, es muy común que la gente lo realice a modo de hobby y no como una actividad profesional con la debida preparación técnica, actualización constante y aún menos con una remuneración justa.

Todo esto nos lleva a aplicar pruebas que no están realmente alineadas a las necesidades, requerimientos y expectativas del trabajo a desarrollar. Es muy común que se usen criterios de selección iguales o muy parecidos para los candidatos a perros de terapia que para los candidatos a perros de asistencia. Si bien sí hay algunos puntos de convergencia, en realidad creo que el trabajo que desarrollan es muy diferente en muchos aspectos.


Otra situación que se sucede de manera regular es que una vez que se evalúa a un animal de terapia, no hay un programa de reevaluación periódica, ni de capacitación constante que permita mantener la actualización y mejora constante del equipo, así como decidir en que momento es necesario hacer una suspensión de labores temporal o un retiro.


Evaluación final y presentación de proyecto de la Lic.Terapia Ocupacional Anahí Bernal como terminación del Curso de Formación para Facilitdores en IAA. Trinomio conformado por: especialista en salud Anahí Bernal, manejador Jenny Aragón, Perro de Terapia Francia. (foto de Dejando Huella Educando, mayo 2019)


¿Qué considero que se debe evaluar? A muy grandes rasgos creo que se necesitarían las siguientes evaluaciones:


i) Al inicio deberá evaluarse al voluntario en sus habilidades y motivaciones para poder darle la guía necesaria durante el proceso de formación. Igualmente deberá evaluarse la salud física y mental del animal que se está postulando para asegurar que cubre los requerimientos. También creo que debe evaluarse la dinámica del futuro binomio o equipo ya que la correcta y eficiente comunicación humano-animal será indispensable para desarrollar las habilidades del equipo de trabajo. Es especialmente relevante asegurarse de que el animal no sólo tiene las aptitudes para ser un animal de terapia, es indispensable saber si el animal disfruta de las actividades que estará haciendo de manera regular ya que no ha elegido estar ahí y lo menos que le debemos es que sea una actividad satisfactoria.


ii) Durante la formación es necesario evaluar los distintos temas que debe conocer el manejador o tutor que van desde cuestiones meramente administrativas como el llenado de formatos de sesión hasta cuestiones más técnicas como información y comprensión de las características de las poblaciones con las que estará trabajando. Por parte del animal hay que evaluar que conozca y ejecute algunos comandos básicos de manejo asegurando que el manejador, tutor y/o adiestrador conozca las técnicas y equipo permitidos, pero sobre todo hay que evaluar su disposición al trabajo y conocer sus límites para no ponerlo en situaciones que sean abrumadoras y que pudieran experimentarse como negativas.


iii) Una vez iniciado el trabajo formal en sesiones de IAA, será necesario supervisar el desempeño general del equipo, pero también su gestión de las cuestiones administrativas y las relaciones con las distintas entidades donde se preste el servicio. Así mismo, la evaluación constante de la salud, presentación y disposición del animal de terapia son necesarias. Es nuestra responsabilidad como tutores o manejadores procurar que disfruten de estas actividades y que sean adecuadas en duración, lugar y diseño para este individuo en particular. Igualmente es de vital importancia la procuración de su salud y seguridad, en conjunto con el resto de los participantes de cada sesión para la consecución de los objetivos.


iv) Al inicio de cada nuevo proyecto o el inicio de prácticas de un nuevo equipo o el inicio de un nuevo programa o locación, habría que hacer una evaluación previa que nos sirva para determinar el análisis de riesgo, los protocolos particulares del lugar y/o actividad, el planteamiento de objetivos a corto, mediano y largo plazo y qué equipos o miembros son aptos para el mismo.


v) Al término de cada sesión y cada ciclo de sesiones, es necesario evaluar cómo fue la relación con la organización y sus representantes para considerar los avances en los objetivos, así como áreas de oportunidad del equipo, de las instalaciones, de la logística y cualquier otro que pueda impactar en la consecución de los beneficios esperados.


vi) Ante cualquier evento inusual o extraordinario, ya sea del manejador o del animal, habrá que evaluar si es conveniente hacer algún ajuste, cambio o suspensión hasta que se encuentren en condiciones seguras y sanas de volver.


Evaluación de las habilidades sociales en un lugar público de un candidato a perro de terapia en formación.


Si en cualquier parte del proceso se hace evidente que el animal no está disfrutando de las actividades o que su interés y/o atención ya no están en la sesión, habrá que revisar si en realidad es apto para este trabajo o para continuar en él. No importa cuantas ganas tenga su tutor de ayudar, de compartir el amor de sus animales, de sentirse útil… si no respeta la personalidad y preferencias de su animal, lo estaría violentando y con el paso del tiempo estaría exponiendo a su animal a un deterioro físico y mental considerable por estrés prolongado y poniendo en riesgo a todos a su alrededor.

Otro punto que considero relevante y no parece que se aborde abiertamente, es en cuanto a “otros aspectos” del manejador o tutor. Es decir, aspectos como la ética y las motivaciones:


• En cuanto a la ética, me refiero no sólo la ética laboral; sino especialmente a la ética con respecto al bienestar de los participantes tanto humanos como animales; ética en cuanto a las relaciones profesionales y el trabajo en equipo; ética en cuanto al análisis de riesgo que deberá gestionar en caso de alguna contingencia o crisis; ética personal de crecimiento y aprendizaje constante.


• En cuanto a las motivaciones, considero que es importante ya que las personas no siempre tienen claro el impacto que estas pueden tener en el trabajo diario, especialmente en los momentos complicados de la vida cotidiana. Creo que en ocasiones nuestras motivaciones para querer ser parte de un equipo de Intervenciones Asistidas con Animales no están realmente alineadas con nuestros intereses y gustos reales. Una de las respuestas más comunes es: “quiero hacer esto porque amo a los animales más que a la gente” o “prefiero a los animales que a la gente”… En realidad, este trabajo es para la gente, con la ayuda de nuestros animales.


Jenny Aragón en curso de capacitación con la MVZ Eugenia Fragoso y el MVZ Guillermo Páez de Ollin Patolli AC/Fundación Mirochnick de Terapia Asistida con Perros en Cuernavaca. (foto Dejando Huella Educando, julio 2010)

Al final del día todas estas evaluaciones tendrán sentido en la medida que nos sirvan para:


a) Recabar información. Información de desempeño de los participantes humanos y animales de los equipos; información de la calidad en el servicio; información de la consecución de objetivos; información de las áreas de oportunidad particulares de cada miembro o institución; información del impacto social de nuestro trabajo.


b) Funcionar como filtros. Filtros que nos permitan hacer procesos de selección de candidatos e instituciones adecuados y alineados a nuestra propuesta de trabajo. Filtros para la toma de decisiones de los que queremos y podemos desarrollar como proyectos viables y significativos.


c) Administrar. Tener información que nos permita gestionar adecuadamente nuestros esfuerzos y proyectos. Tener información para plantear mejoras en procedimientos y administración de recursos.


Tal como lo dijo Lord William Thomson Kelvin, el físico y matemático británico:

“Lo que no se define, no se puede medir.
Lo que no se mide, no se puede mejorar.
Lo que no se mejora, se degrada siempre.”

Así que quisiera cerrar con una invitación para hacer un esfuerzo común y lograr una homologación de términos, como la sugerida por la Tiffani Howell y que expliqué en un artículo anterior (Revista Perros Pura Sangre FCM, septiembre 2022, Bull Terrier, “Terminología, una nueva propuesta internacional”, Páginas 64-70). También hago una invitación a considerar la evaluación y la autoevaluación como parte de los procesos mínimos en el desarrollo de cualquier programa de Intervenciones Asistidas con Animales. Lo peor que puede pasar es que conozcamos nuestros puntos débiles y, para mí, esa ya es una ganancia ya que abre la puerta a la tendencia actualizante y profesionalización de nuestro trabajo.


Si te interesa conocer más sobre los programas de Intervenciones Asistidas con Animales, no dudes en comunicarte con nosotros y con gusto te podemos dar una asesoría y/o capacitación.


Jenny M. E. Aragón Leyva

jenn_aragon@yahoo.com.mx



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