Obediencia y agilidad caninas


Por Francisco Solana Martínez


Tal vez el origen del condicionamiento canino tenga su origen en el más remoto contacto del hombre con los lobos que lo circundaban hace más de 14 mil años. Podemos hipotetizar en torno al tema cuando observamos que la domesticación de cachorros de lobo pudo ser el primer paso, luego de trasladarlos al cubil humano e iniciar un proceso de aprendizaje y convivencia.

Existen infinidad de hipótesis al respecto, algunas de ellas aseguran que las alianzas entre el hombre y el perro se originaron más allá de los 14 mil años aceptados por la mayoría de los expertos. Sea como fuere, es posible intuir que el proceso de domesticación debería estar acompañado de códigos y entrenamiento que despertarían los primeros rasgos del interés común, como identificar sus gustos y desagrados para convertirse con el tiempo en el mejor amigo del hombre.


Es posible que en aquellas postrimerías en las que el lobo cautivo fue expuesto a diferentes procesos de domesticación, fueron explorándose las alianzas tan convenientes en la caza de animales para el mantenimiento de los clanes humanos, donde también a los perros-lobo les tocaba su parte, esta mancuerna exitosa ha perdurado más que cualquier otra alianza creada por nosotros.


Las habilidades de ambas especies, hombre y perro, fueron evidenciadas convirtiéndose en seres con una relación indisoluble, con el transcurso de los años y la selección que el humano realizó sobre tal o cual particularidad de los perros que criaban, fueron perfilando -sin desearlo siquiera-, el principio de las razas de los perros actuales.


Los caminos que el hombre ha seguido han sido acompañados por los fieles perros que nos han brindado a los humanos de ayer y de hoy, compañía y vigilancia para sí y sus hogares; los perros se convirtieron en cazadores eficaces, o bien pastores de primera, controladores de alimañas y seguros combatientes contra las fieras, una gama de servicios ofrecidos a cambio de un plato de comida y un poco de afecto.


La evolución de la sociedad humana diversificó las funciones encomendadas a los perros, de ahí la respuesta y el porqué de tantas razas creadas con diferentes fines o funciones especializadas. Puede considerarse que llegó un momento en el que los criadores de perros y los aficionados a su compañía, coincidieron en percatarse de su enorme potencial genético, así que las guerras eran protagonizadas por los abnegados gladiadores que ya habían probado su lealtad y poderío en los circos romanos, lo mismo que en otros eventos donde se les expuso al combate con fieras y con seres humanos.


Una constante observada a través de la historia escrita acerca de la compañía del perro y el ser humano, puede medirse a través de la cacería, el pastoreo y la guerra. Pero los años pasaron y las necesidades humanas también, de una manera humilde y abnegada nuestros mejores amigos siempre han estado presentes en la historia humana, así que cuando la sociedad se empezó a industrializar y los campos a modificar su apariencia y tratamiento, muchos perros funcionales de pronto se encontraron con la novedad de ya no ser necesarios.

Puedo imaginar las hordas de perros desempleados después de finalizadas las guerras con la caída de Roma y en casi todo el mundo. Las tierras se repartieron una vez más y la tecnología redujo los espacios de pastoreo y las estrategias de contención, lo cual empujó a los perros pastores y a los boyeros a un desesperanzador futuro, además las ratas fueron controladas con diferentes estrategias, muchas veces químicas, con lo cual los terriers perdieron su prestigio y se tambaleó la necesidad de contar con uno o varios de ellos en las granjas; se fueron desempleando los perros rápidamente, las cacerías ya no eran requeridas como medio para la supervivencia y la llegada de los motores suplieron al pertinaz perro de tiro para jalar los trineos en las nieves, no obstante tanta complicación emparejada con el desarrollo, lo cierto es que los perros nos simpatizan y haremos lo que sea por ayudarlos.


El siglo XIX despuntó con avances que obedecían seguramente a una mejor comprensión de nuestro entorno, la consolidación y el desarrollo de muchas razas de perros actuales fueron perfeccionadas precisamente en esa época en la cual muchas personas en el mundo realizarían viajes de exploración a las tierras ignotas del planeta, dando cuenta de su sorpresa y de la comprensión del mundo a principios de ese siglo en el que aún creían en la generación espontánea de la vida, hipótesis que establecía que así, sin mayor o mejor explicación al respecto, un ajolote o renacuajo, estadio en metamorfosis de una rana, eran para la mayoría de aquella gente animales diferentes y se producían de manera espontánea, hipótesis desechada que había sido planteada originalmente por Aristóteles y seguida por pensadores de los siglos XVII y XVIII como René Descartes, Francis Bacon, inclusive el mismo Isaac Newton.


El pensamiento y las acciones humanas han generado con el tiempo y en la misma proporción, asuntos positivos, así como otros negativos también. La inseguridad es un remanente y la defensa ante los forajidos y asaltantes en los caminos es un ejemplo de ello. En ese nicho se insertaron muchas de esas magníficas razas de perros creadas siglos antes para la guerra o para el arreo y contención de ganado. En los albores del siglo XIX se suscita el perfeccionamiento en diferentes actividades cinegéticas y con ello la depuración de antiguos linajes caninos que fueron reunidos, rescatados e intensificados, durante esos años aciagos encabezados por talentosos personajes canófilos cuya principal contribución fue asentar el conocimiento disperso y reunirlo bajo criterios generalmente utilitarios.


En 1848, W. N. Hutchinson publicó su libro “Dog Breaking”; concentra su guión en los métodos de entrenamiento de perros de muestra como los Setter, en esos años y en ese escrito particularmente ya se ventila la estrategia de utilizar recompensas para entrenar a los perros.

Con la llegada del siglo XX dan vuelta las grandes guerras, algunos perros se vieron beneficiados con la reproducción exponencial de su raza, con lo cual se aseguraba la continuidad; empero, otras razas no corrieron con la misma suerte y su declive rozó los linderos de la desaparición, como le sucedió antes a varias razas que se perdieron en el tiempo y de ellas sólo contamos con algunos rasgos fijados en los perros modernos, descendientes de algunos de los Bullenbeiser, ancestro extinto de razas icónicas como el Bóxer, el Gran Danés y el Dogo Argentino, entre otros. Algunos otros perros de guerra descendientes de las poderosas manadas de perros-lobos de los pueblos bárbaros de Europa, gracias a las capacidades que les caracteriza fueron destacados y sumados a las filas de las guerras más recientes, cuyo protagonista canino es el Pastor Alemán.


Debemos considerar que el número de perros utilizados para el servicio y protección de los seres humanos es realmente numeroso en todos los países del orbe. Perros de salvamento, de rescate acuático, como asistencia para los invidentes, o como ayuda médica para la atención de algunos padecimientos y actividades cotidianas impedidas, perros de compañía, de guardia y protección, de caza y cobro, de muestra, carrera y rastreo con especializaciones extraordinarias, hasta llegar a una prueba que reúne a todos convertidos en perros deportistas, las pruebas de Agility o Agilidad canina. Sin lugar a duda las condiciones y el tratamiento proferidos a los perros ha cambiado sustancialmente en los últimos 100 años y esto puede explicarse gracias a una mejor comprensión y más amplio entendimiento acerca de la naturaleza canina y los requerimientos básicos y especializados de nuestros mejores amigos.


Ya arrancada la década de los años 70, se detectaron brotes de violencia urbana esparcida como brasa que vuelve a arder y se conocieron y destacaron casos como el conflicto árabe-israelí. Otras guerras finalizaban con los rostros manchados de lodo cargando el final de la guerra de Vietnam, fuerte como el escándalo en las oficinas de Watergate. Fueron años con un repunte en el auge del terrorismo mundial lo que propició o le dio origen y motivación para que se abocaran a la cumplimentación de modelos tecnológicos destinados a las operaciones de rastreo y control para los cuerpos militares, detonante para la creciente revolución tecnológica a la cual se le ve con un desarrollo sostenido y a un ritmo vertiginoso, hasta hacer cambiar en la actualidad el método y la aplicación de prácticamente la mayoría de nuestras acciones a distancia.


La comunicación entre los individuos se expandió en esos años y también se observa una intensa actividad conflictiva en la sociedad de cuya catarsis, cual valor agregado, se generaron las condiciones para que diversos artistas compusieran música interesante y contestataria, escribieron literatura grandiosa y propusieron a través de las artes visuales una intensa actividad social que respondía a los cambios vividos gracias al acceso a la información global.

La salud empieza a tomar un rumbo más claro y mejor apuntalado en el día a día de la mayoría de los ciudadanos del orbe, así que el ejercicio destaca en la vida humana y aunque ya se conocía como necesidad para la salud desde la antigüedad, lo cierto es que apenas a mitad del siglo XX se entendieron los intrincados procesos en los que la nutrición se convierte en la base de funciones corporales específicas, así como apenas se supo entonces acerca de que la calidad en la ingesta repercutirá en la eficacia de los órganos que están destinados a cumplir tal o cual función en nuestras vidas.


Los requerimientos de entrenamiento y ejercicio de las personas y de los perros han evolucionado a la par desde hace mucho tiempo, actualmente los circuitos de Agilidad canina protagonizan la incorporación de los perros a una atmósfera de comprensión y acuerdo, genera momentos en los que la comunicación entre el perro y su maestro humano llegan al momento deseado por todo canófilo, donde hace un ‘clic’ especial que llena de gozo y satisfacción a ambos participantes, parece ser que es a partir de entonces que conocemos con más profundidad a nuestros mejores amigos.


En esos años convulsos y prometedores las actividades canófilas debían modernizarse y desafiar con creatividad a una población expectante acostumbrada a ver competencias de belleza y adiestramiento, por lo que fue señalado Peter Meanwell como la persona encargada de presentar un acto que pudiera ir más allá de lo que tenían hasta ese momento, así fue como presentó por primera vez durante el show canino Crufts en el año 1977, el cual se trata de un glamoroso evento en el que desfilan los mejores perros de exposición, además contó con el auspicio de la American Kennel Club, cuyos organizadores buscaron mejorar la expectativa de entretenimiento y competición, para lograrlo diseñaron un circuito de Agilidad canina que logró darnos una extraordinaria experiencia de convivencia, a partir de entonces las competencias de Agility habían nacido.


La presentación de Peter Meanwell con su competencia de Agilidad canina tuvo tal éxito que sólo un año después, es decir en 1978, se estaban realizando competencias con dos equipos y unos años más adelante ya se competía con varios equipos. Con dinamismo y mucho gusto por el espectáculo ofrecido fue aceptado por el público en general, que agradecía la exhibición de tanto talento, así que las competencias de Agilidad canina fueron reconocidas oficialmente como un deporte en la década de 1980.


Esta apabullante aceptación tenía como motivación principal: la comunión alcanzada con nuestros amigos peludos, muchas de las pruebas y obstáculos ponen a prueba el nivel de comunicación y evidencian públicamente la alianza lograda con nuestros amigos caninos que, sin duda será estrecha y entretenida, ya que todas las pruebas se realizan sin traílla o correa alguna, tampoco debe usarse la mano para marcar la ruta al perro competidor, sólo podrán usarse la voz, los silbidos o el lenguaje corporal, sin tocar al perro atleta que atraviesa túneles y sube cuestas, repta y zigzaguea con agilidad y gracia en el torneo canófilo de agilidad más moderno y entretenido.


Con ojos piadosos le comenté algún día a mi entrenador de perros que sería un poco penoso para mi querida perrita competir, ya que estaba un poco pasada de peso, así que iniciar actividades de Agility a sus cinco años de relajada edad, podría ser para ella cuesta arriba, con gusto escuché que no existe limitación alguna para que participen en Agility todos los perros y de todas las razas o mezclas de ellas, algunos seguramente serán más agiles que otros, pero estoy seguro que todos se divertirán en grande y principalmente porque pueden compartir más tiempo de calidad con su maestro humano, al que aman profundamente y desean agradar con su fantásticas habilidades.


Más allá de la vinculación creada entre el hombre y el perro, facilitada por los métodos implícitos en el entrenamiento, encontramos que como regla básica para participar en las pruebas de Agility se requerirá del entrenamiento básico que facilite la memorización de comandos en repetición hasta que el perrito capte con claridad lo que se quiere de él, cuando sepa que se trata de la realización de tal o cual prueba, la cual deberá ejecutarla con pericia y lo más pronto posible, a partir de entonces la diversión se intensifica.


Las pruebas de Agilidad canina como son conocidas en español requieren de la participación del binomio humano en movimiento, lo cual repercute en una buena ejercitación para ambos participantes, el perro en la carrera y su maestro en la consecución. Tal virtuosa alianza produce momentos muy entretenidos y genera alianzas que trascienden entre los participantes o, mejor dicho, entre quienes interactúan y disfrutan de una competencia en la que el valor se comparte y se intensifica pues el brillo expuesto durante las pruebas saca a flote mucho esfuerzo y buen tiempo compartido en el entrenamiento previo.


Muchos años habrían transcurrido desde aquellas alianzas con los lobos mientras el ser humano habitaba en las cuevas, desde entonces y hasta el presente, los perros siguen fieles a nuestro lado acompañándonos de diferentes maneras, regalándonos con todas sus ganas las funciones que les son encomendadas.


Las pruebas de Agility son el resultado de una depurada alianza entre el perro y nosotros, pero también es testimonio de una comunicación y sinergia únicas entre dos especies diferentes que pueden amarse y cuidarse con tanto ahínco. La competencia de Agilidad canina es una muestra de los resultados alcanzados si se siguen las técnicas adecuadas y recomendables en torno a un adiestramiento sano, libre de imposiciones, sino como un juego divertido que alcanza momentos de confianza y participación realmente conmovedores; las pruebas de Agilidad canina son -desde mi punto de vista, el más depurado logro alcanzado por la unión de los mejores amigos en pos de la diversión.

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