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El bloodhound, un perro de leyenda


Por Dr. Jorge Luis Lerin Martínez


¿Qué pensamos cuando oímos hablar de los perros de raza bloodhound? Seguramente en perros de alguna caricatura, tal vez, pero los bloodhound son más que eso, son perros majestuosos, grandes, corpulentos, con una gran cabeza llena de arrugas y coronada por un par de largas orejas; son inquietos, necios, curiosos, escudriñan cada rincón con su enorme nariz, pero eso sí, de un estupendo carácter amable y bonachón, dispuestos a jugar y ser los mejores compañeros para los paseos; conozcamos un poco sobre su origen, su historia a través de los siglos y algo de su salud y cuidados.


Su antigüedad le hace aparecer como padre de numerosas razas de sabuesos, como la mayoría de las viejas razas eminentemente cazadoras; el San Huberto en su utilización ha sufrido el paso del tiempo y sobre todo la evolución, modificación y desarrollo de los métodos de caza. De óptima aplicación para la caza mayor, es enormemente resistente y persistente en la consecución y seguimiento del rastro. Es de esta forma como demuestra sus sobresalientes cualidades olfativas.


Catalogado como el rey de los sabuesos, este apelativo se debe a que se vislumbra en esta raza el prototipo ideal de un perro de rastro y su paternidad sobre gran parte de estas razas. También fue el rey de las jaurías de diversos monarcas franceses con los mejores ejemplares regalados por los monjes de la Abadía del que reciben su nombre.


A lo largo de los siglos se han contado diferentes teorías sobre el origen de la raza, algunos citan a los griegos o los romanos con algunos relatos sobre perros de razas cazadoras o perros de rastro, incluso los romanos poseían a algunos que les llamaron canis indagator, pero nada que se pueda comprobar fehacientemente. La historia más aceptada y con evidencias es la de su origen en Las Ardenas y es esta la que describiremos.


Con los perros grises de San Luis traídos por el rey de sus Cruzadas en Oriente, los Fauves de Bretaña y los perros blancos del rey, el Chien de Saint Hubert, forma parte de las cuatro razas de perros reales citados por Carlos IX como antepasados de todos los perros de montería.


Ya en siglo XIV, Gastón Phebus, conde de Foix y uno de los más celebres cazadores de la historia, alababa los méritos de los perros negros de la abadía Ardenesa de Saint Hubert, tradicional protector de los cazadores. 


Los monjes de Sait Hubert ofrecían cada año los seis mejores ejemplares al rey de Francia en su aniversario. La raza declinó a partir de la Revolución francesa. A finales del siglo XIX, el conde de Canteleuse lamentaba de que en Francia solo quedaran unos pocos Saint Huberts, que, además, debían ser BLOODHOUNDS de origen inglés. En efecto, ya en el siglo XI Guillermo el Conquistador había llevado a Inglaterra perros de Saint Huberto que se cruzaron seguramente con mastiffs, una de las razas más antiguas en Gran Bretaña.


Y si bien los sabuesos descritos por Phebus suelen tener la cabeza voluminosa, ninguno la tiene tan arrugada como la que caracteriza al mastiff y se encuentra también en el bloodhound.


Los ingleses mantuvieron durante mucho tiempo la costumbre de importar Saint Huberts. Y así durante el reinado de Enrique IV se llevaron jaurías enteras al otro lado del Canal de la Mancha, como las que Beaumont ofreció a la reina Isabel.


El estándar actual de la raza lo detenta Bélgica de acuerdo con las reglas de la Federación Cinológica Internacional (FCI). Se trata en efecto del regreso al país de origen (las Ardenas), de perros cruzados con otras razas en Inglaterra y fijados en un nuevo estándar.  Así pues, el Saint Hubert sobrevive hoy fundamentalmente bajo el nombre de BLOODHOUND.


La segunda, pero no menos importante referencia histórica, menciona que hasta finales del siglo VII de nuestra era cristiana no se encontraban más narraciones acerca de esta raza y son precisamente las más documentadas.


Puede resultarnos curioso que sean unos religiosos los que protagonicen los primeros episodios de la selección y preservación de esta raza canina. Fueron unos monjes moradores de un viejo monasterio en las Ardenas (hoy Bélgica), custodios de las reliquias de San Huberto los que establecieron un primer centro de cría selectiva de esta raza de perro corredor de rastro. El clérigo Huberto se convirtió en uno de los santos protectores medievales de la caza. La tradición de crianza de estos perros en el monasterio de Andain (Ardenas), sobrevivió hasta el año de 1789 y según la leyenda los monjes que la habitaban regalaban al rey de Francia los seis mejores ejemplares de cada año. Si hacemos caso de lo que contó el conde de Cauteleu <uno de los más antiguos y afamados criadores de la raza que vivió en el siglo XIX>, este perro fue conocido en el siglo VIII como perro de Flandes. Prácticamente todos los autores que han profundizado en el estudio de la raza coinciden en establecer la existencia de dos tipos variados en el color, pero de casi igual configuración morfológica.


Una era de color blanco, poco apreciada, que fue desapareciendo paulatinamente y recibió el nombre de Talbot en honor de la aristocrática familia del Rey (también conocidos como los perros blancos del Rey), que los importó de las islas de la mano -según se cree- de Guillermo el Conquistador en el siglo XI. Dicha variedad fue descrita por Richardson <El Talbot puede ser la más antigua entre los corredores. No es rápido, tiene la boca grande, las orejas muy grandes y largas, el vientre despoblado y de pelo duro, con un manto muy bello habitualmente de un blanco puro>. Ante la situación actual de total desaparición de esta raza, aficionados franceses han intentado recuperarla a través de otro gran rastreador, el sabueso Gran Gascón Saintogeois, que es el más próximo según Richardson. La otra variedad de color, marcada fuertemente por el negro, obtuvo mejor acogida y fue el que se consolidó. Se le identificó en el continente con el nombre de Saint Hubert, en honor al patrono de la caza. Mientras en Inglaterra recibía el nombre de bloodhound no se sabe bien si en consideración a su cometido de perro seguidor del rastro, o de la expresión blooded hound referida a la pureza de sangre. Fue el gran perro venteador utilizado en las fastuosas cacerías medievales de los duques de Normandía y de Borgoña.


A lo largo de los años siguientes hasta llegar al momento presente, la evolución y el acontecer de esta raza es muy rico en detalles e historias, la evolución de la raza se produce de la mano de los grandes señores de la nobleza medieval de Francia que lo incorporan a las grandes jaurías de caza para el rastro Es un perro que se intentó mejorar sobre todo en su andadura y fijación en la eficacia de su capacidad olfativa y de búsqueda del rastro de la pieza.


El resurgir en Europa continental se ha dado en dos ocasiones, la primera en la época Medieval de la mano de las líneas de sangre que se han preservado en Gran Bretaña, pues no olvidemos que muchos ejemplares fueron regalados a los nobles de estas tierras por otros franceses, y otros tantos fueron llevados por los normandos después de participar en las Cruzadas. Corre la mitad del siglo XIX. Los ingleses han resguardado la raza.  


Ya en el siglo XX, el bloodhound como se conoce en la actualidad había llegado al continente americano, se cree que fue traído junto con esclavos negros que trabajaban en las plantaciones y que con estos se les localizaba cuando pretendían huir, cuando estalla la Segunda Guerra Mundial esta raza se ve amenazada nuevamente , ya que se pierde un gran número de ejemplares y se teme la desaparición de la misma, pero con los que aún quedaban se dio la difícil tarea de emprender la crianza, por esto entendemos que el bloodhound está destinado a sobrevivir.


Aquí me gustaría hacer un breve paréntesis para narrar el lado místico: 


LA LEYENDA DE SAN HUBERTO.  


Cuenta la leyenda que Huberto de Lieja, en ese entonces un señor feudal de la región de Las Ardenas, quien se caracterizaba por llevar una disipada vida, llena de excesos y placeres, se encontraba cazando la tarde de un Viernes Santo con su jauría de perros ruidosos que eran sus mejores compañeros en las grandes rehalas de la época. Cuando en el bosque pudo identificar a un enorme ciervo, y que cuando lo tuvo al alcance de su arco vio iluminarse una brillante cruz en las cornamentas, Huberto lo tomo como una epifanía y fue en busca del obispo de Maastricht, a quien le contó lo que le había sucedido, el obispo le aconsejó que se retirara de su vida de excesos y se dedicara a la espiritualidad, Huberto renunció a toda su riqueza incluso a su primogenitura, cediendo todo a su hermano y fundó la Abadía de San Huberto, pero no pudo dejar el amor a sus perros, en la abadía se siguieron criando y cada año se regalaban los mejores ejemplares a las casas nobles de la región, a la muerte de Huberto se mantuvo la tradición por los monjes de la abadía y hasta la actualidad se conmemora a San Huberto en la catedral que lleva su nombre en la VILLA DE SAN HUBERTO en Bélgica, la fiesta inicia con la misa en la Catedral y los invitados de honor son LOS BLOODHOUND, que se encuentran en las primeras filas, al altar mayor suben a tres ejemplares que reciben la bendición. Al terminar se hace la bendición a todos los ejemplares en el atrio, y posteriormente la procesión por toda la villa, y no puede faltar la exposición de los Sabuesos de San Huberto (bloodhound) que organiza el Club Belga del San Huberto.


Aunque son perros muy grandes y fuertes, pueden tener sus debilidades, como muchas razas de talla grande son propensos a padecer de torsión gástrica, si se les alimenta o da de beber demasiada agua entes de alguna actividad física, esta es una que se debe de tomar mucho en cuenta porque puede llegar a ser mortal.


Las dermatitis en las arrugas de la cara también pueden ser frecuentes, porque es muy importante mantener un buen y regular aseo, igualmente los conductos de sus orejas deben limpiarse con frecuencia, ya se cuentan con productos especializados para ello. Si procuramos seguir estos consejos tendremos perros sanos y fuertes y serán muy apegados a nosotros y nuestras familias.

 
 
 

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