Teleológico...¿tele qué?


Por. Dr. Raúl García Miranda

M.V.Z. Luis Arturo García Domínguez

M.V.Z. Beatriz Figueroa Andrade


Febrero loco y marzo otro poco y abril y mayo enloquecedores por el calor. Mucho calor en León, con demasiados alacranes también. León es una de las ciudades con más personas picadas por alacrán en México. Sin embargo, gracias a Dios el número de muertes por picadura de alacrán es casi nula. Los leoneses hemos aprendido a correr a los servicios médicos cuando nos pica un alacrán. Y desde luego los servicios de emergencia tienen personas expertas en picaduras de alacrán siendo estas tan frecuentes.


En estos meses de calor extremo me gusta sentarme con Lana, la Border Colli, a la sombra de un árbol colorín majagua o sea un Hibiscus elatus, ahí solemos platicar de cosas y asuntos relevantes para la Academia de la lengua humana y canina de Pénjamo con sede en León.


Con el calor que está haciendo un tema obligado es la picadura de alacranes. Como me creo experto en todo, empecé a explicarle a la perra el problema de los alacranes y por qué son considerados fauna nociva para los seres humanos. Por lo tanto, al ser fauna nociva deben ser eliminados a través de fumigaciones o cualquier otro método que los extermine.


Lana, la Border, sólo me observaba y escuchaba con atención. Cuando llegó el momento, habló. «¿Tú sabes cuantos perros son picados por alacranes cada año?» me preguntó. “No, creo que no”, respondí. «¿Tú sabes cuántas veces un alacrán pica porque sí?, sin un motivo.» me volvió a preguntar. “No, creo que no”, volví a responder. La perra siguió hablando: «te comportas como humano, tal vez sea normal, pero al comportarte como humano sólo hablas de lo que a ti te interesa y además crees que tienes razón. No tienes ni idea de qué tan importantes son los alacranes para los perros y para la naturaleza. Toda la creación transita dentro del camino que Dios diseñó para adaptarnos a los nuevos tiempos; la evolución.»

¡Vaya, vaya! pensé, como que tal vez, -sólo tal vez-, la perra tiene razón. ¡Ya sé! Pensé, la voy a obligar a equivocarse. “Está bien”, asentí, “pero me puedes decir por qué Dios inventó la evolución; ¿que lo que hizo al principio lo hizo mal y debió corregir?

La perra me miró, se quedó quieta unos instantes y volvió a hablar conmigo. «La respuesta es un asunto teleológico y por lo tanto es demasiado para ti. Tú como humano sólo ves tu mundo, nosotros los demás animales vemos la naturaleza de manera integral. Si crees que Dios pudo haberse equivocado, pues tu Dios no es Dios, porque Dios no se equivoca jamás. Si tú crees que los alacranes deben ser eliminados de la naturaleza, no entiendes, no comprendes el porqué de su existencia y por qué su antigüedad es en millones de años y excepto en las zonas congeladas del planeta existen en todos lados.»

“Teleológico tele ¿qué?” le pregunté a la perra. La Border Collie volvió a hablar. «La teleología es una rama de la metafísica que se refiere al estudio de los fines o propósitos de algún ser u objeto. En filosofía se tiene la creencia que la marcha del universo es como un orden de fines que las cosas tienden a realizar y no una sucesión de causas y efectos. La teleología puede definirse como el estudio de las causas finales. Viene del griego: Teleos fin, logos tratado, doctrina, palabra, etc. Así es que toda la naturaleza existe para un fin determinado, aún los alacranes.»


“Está bien ¡está bien!” acepté. Y seguí hablando; “sin embargo debes aceptar que en esa evolución de la que tú hablas, los perros fueron exitosos, del canis lupus evolucionaron al canis lupus familiaris con éxito y los humanos del simio evolucionaron al homo sapiens con éxito. En cambio, los alacranes no evolucionaron a nada, fracasaron en su evolución.”

Volvió a hablar la perra: «la diferencia son los tiempos. Los tiempos son los que hacen la diferencia entre lo que tú llamas éxito y fracaso. Los tiempos en la naturaleza son larguiiisímos. Cada período que hoy conocemos es millones de años y algunos en miles de millones de años. Son tiempos tan laaargos que no los entendemos bien. Pero tú dime quién es exitoso y quién no. Cuando empezó la vida en el planeta, entre sus primeros animales complejos terrestres (en el mar ya los había) aparecieron los insectos. Entre los insectos aparecieron los alacranes. Millones y millones de años después aparecieron animales más grandes y los alacranes ahí estaban. Millones y millones de años después aparecieron los dinosaurios y los alacranes ahí estaban. Los dinosaurios desaparecieron y hace millones de años aparecieron los mamíferos y los alacranes ahí estaban. Mucho tiempo después, muchísimo tiempo después aparecieron los homínidos y los alacranes ahí estaban. Hoy que existe el homo sapiens los alacranes siguen estando y así seguirán cuando los seres humanos depredemos al planeta de tal forma que ya no se pueda habitar en él y emigremos a otro mundo. Aun así los alacranes seguirán estando. ¿Quién es realmente el exitoso?, ¿el perro?, ¿el ser humano?, ¿o los alacranes?»


La perra siguió hablando; «en la evolución, unos aparecieron y otros desaparecieron, unos crecieron y otros se achicaron, unos eran terrestres y ahora vuelan y otros volaban y ahora caminan, sin embargo, hay unos que existieron, existen y existirán como fue el primer diseño natural, los ejemplos más notorios son los insectos y entre estos las cucarachas y los alacranes. Ciertamente, toda la naturaleza "caminó" o evolucionó, pero pocos dejaron huella. Y todavía menos dejaron huella de cómo eran, como son y cómo serán. Los perros y el hombre no son el ejemplo más exitoso de la evolución. Y el ejemplo menos exitoso es el ser humano -continuó la Border Colli-, que en unos pocos miles de años, que comparados con los tiempos de la naturaleza en millones de años es un pequeñísimo instante, ha depredado la naturaleza a tal grado que está condenado a su extinción. La naturaleza se recuperará en unos pocos millones de años, el actual ser humano se extinguirá y llegarán otros seres que la naturaleza diseñará en poco tiempo, unos pocos millones de años y habrá otra vida, otro tipo de vida en el planeta. La naturaleza no necesita al ser humano, tampoco le es importante, le dio su oportunidad y la está desperdiciando, así es, simplemente esperará unos ‘cuantitos’ millones de años y diseñará otros nuevos habitantes, sin embargo el alacrán ahí estará.»

“¡No, no!” dije en voz alta. “Estamos los humanos haciendo ya mejor las cosas. Cuidamos a la naturaleza. Somos ecológicos. Creamos en lugar de destruir, etc.” La perra me vio con una mirada de entre tristeza y amor y me dijo: «los humanos pueden mentir con palabras, pero nunca con los ojos y los actos. Cada vez están haciendo más por desaparecer y con ustedes desapareceremos los perros y muchísimos animales y plantas más por causa suya. ¿No lo entienden? Es un asunto teleológico.»


La perra se calló, esperó que yo hablará, pero ¿qué le decía? Así es que intentando terminar el tema le hice una propuesta: «Que te parece, Lana, si nos haces una exposición en la Academia de la lengua humana y canina de Pénjamo con sede en León. Una sesión a la que vayamos todos los integrantes, incluso que invitemos personas distinguidas y público en general.»

«Está bien,» contestó la perra. «Sin embargo, primero me gustaría hacer una recapitulación sobre la Academia. En realidad los grandes personajes que la formaron y la enriquecieron, ya murieron. Me refiero a la Triaca, la Pastor Alemán, al Tiliche el Pastor Belga Malinois, al Resortín el Pastor de Shettland.


Evolucionemos hacia la mejora. Hagamos un ejercicio de mejora continua en la academia y entonces discutamos cualquier tema importante para los perros y los humanos. Veamos el cielo, pero para ver el cielo se necesita levantar la mirada. Debemos hacerlo con humildad, pues a veces quien ansía una corona es porque desconoce su peso y su responsabilidad. Abreviemos en la historia, pues quien no abrevia en la historia está condenado a repetirla. Quien repite la parte buena de una historia es bueno, pero quien repite la parte mala de una historia es malo. Perros y humanos analicemos y sinteticemos a la Academia» concluyó mi interlocutora.

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