Neoplasias reproductivas en machos


Por Ana María Guadalupe Miranda Colorado


Introducción

Las testiculares son la segunda neoplasia más frecuente en la especie de los caninos, los primeros son los tegumentarios. Los tipos más comunes son los tumores de células de Sertoli (TCS), seminomas y tumores de células intersticiales o de Leydig (TCL). La media de la edad donde se realiza el diagnóstico es entre los 9 y 11 años, aunque suelen afectar en perros más jóvenes (desde los 2 años) pero difícilmente se diagnostican durante ese periodo.


Se ha observado que tienen mayor presentación en razas como Bóxer, Chihuahueño, Pastor Alemán, Pomerania, Caniche enano y mediano, Schnauzer miniatura, Pastor de Shetland, Husky Siberiano y Yorkshire Terrier, lo cual nos hace pensar que estas razas tienen una mayor predisposición a desarrollo de neoplasia testicular.


Se puede presentar de forma bilateral o unilateral y esto se logra a que el hallazgo regularmente se hace durante el examen físico general mediante la palpación de ambos testículos, comparando su tamaño, forma y consistencia. Sin dejar de lado la palpación rectal en perros para verificar el estado de la próstata, así como la presencia de dolor o la presencia de masas en la zona perianal que puedan ser compatibles con neoplasias o podrían ser sugerentes de hernias.


Los signos dependerán de la actividad hormonal del tumor, según secreten estrógenos o andrógenos (Cuadro 1). Y aunque puedan compartir signos, no hay uno en específico que nos haga confirmar cierto tumor y descartar los demás, es por eso que debemos apoyarnos con citologías, radiografías o ultrasonografía. Pues si bien es una enfermedad con pronóstico favorable post- tratamiento, es importante no olvidar la posibilidad de metástasis en el paciente.



Cuadro 1. Principales características de los tumores testiculares en perros

Desarrollo

Se ha mencionado que el riesgo de neoplasias en testículos retenidos es hasta de 15 veces más que en testículos que han tenido su descenso correcto de forma escrotal. El TCS se ha observado con mayor frecuencia en testículos retenidos, en cavidad abdominal o inguinal, antes que, de forma escrotal, sumando a esto que su presentación suele ser más temprana. Debido al desequilibrio hormonal los pacientes frecuentan cursar con otros signos que no suelen ser exclusivos de estos tumores, pero que nos pueden ayudar con el diagnóstico, entre las enfermedades que se deben descartar están las endocrinas como hiperadrenocorticisimo e hipotiroidismo, pero también será necesario diferenciar de una hernia inguinal, orquitis y la torsión del conducto espermático.


Los seminomas y TCL no suelen acompañarse de signos sistémicos, a diferencia del TCS. Aun así, se debe tomar en cuenta sugerir un ultrasonido, radiografías o pruebas complementarias como punciones directas (citología) o tomas de muestra del tejido afectado (histopatología) para analizar la presencia de células que sean indicadoras de las neoplasias ya mencionadas. El tratamiento de primera instancia es de carácter quirúrgico y a consideración del nivel de afectación en el paciente será justificado el inicio de ciclos quimioterapéuticos y el pronóstico suele cambiar.

Canino con criptorquidia testicular.I magen recuperada de: Revista AVEPA


En este artículo se abordará la temática de la neoplasia de Tumor de células de Leydig, el cual suele ser el más común y aunque se considera de carácter benigno, también tiene un criterio de clasificación maligna (carcinoma de células intersticiales) aunque actualmente no se encuentra bien descrita.


Este tumor tiene origen a partir de las células intersticiales o como su nombre lo indica, células de Leydig, también ha sido reportado en otras especies (toro, gato, cerdo y burro) y una de las características de presentación en caninos es que suele presentarse en testículos retenidos. El crecimiento tumoral no suele ser tan evidente a pesar del exceso de andrógenos (testosterona) que se encuentra circulante, llegan a tener 1-2 cm de diámetro. Su apariencia varía, suele tomar una coloración amarilla-café, suelen ser blandos y bien delimitados al tejido adyacente. En algunas ocasiones se pueden observar áreas de hemorragia, úlceras o quistes.


Imagen 1. Eje de regulación hormonal testicular en machos


El motivo de consulta en estos pacientes frecuentemente es por alteraciones en la conducta de los animales, pues recordemos que se encuentra mediado por andrógenos, especialmente la testosterona, por lo que podemos observar hiperexcitación sexual y aumento de la agresividad, lo que puede evidenciarse si tenemos más animales en casa, ya sea del mismo o diferente sexo. A causa del aumento de testosterona que habrá, esto puede tener un impacto directo en nivel prostático, por ende, también podría cursar con padecimientos a este nivel, de igual forma también podremos observar algunas alteraciones dermatológicas, como son: seborrea, zonas alopécicas e hiperpigmentación. Por estas razones, como se mencionó anteriormente, hay que descartar alteraciones del sistema endocrino, pues nos pueden dar signos similares al TCL.


Lo que nos ayudará a llegar al diagnóstico de esta neoplasia serán los factores predisponentes que encontremos en el paciente (edad, raza, historia de esterilización, etc.), los hallazgos a la exploración física, nos podemos apoyar con diagnóstico por imágenes radiológicas y de ecografía. Se deberán realizar pruebas de laboratorio como hemograma, bioquímica sanguínea y orina, amén de pruebas complementarias como la citología.


El tratamiento de primera instancia se considera quirúrgico y la técnica dependerá de si el animal cuenta o no con sus testículos descendidos, en caso contrario será necesario acceder a cavidad abdominal por si alguno de los testículos se encontrara retenido. Es importante realizar un diagnóstico temprano sobre la retención testicular, el descenso correcto ocurre dentro de los primeros dos a seis meses de vida, así que, si al terminar este periodo no son palpables ambos testículos, es necesario comenzar a planear la intervención quirúrgica.


La cirugía se considera como buena opción, ya que el TCL suele tener una tasa de metástasis muy baja y como se mencionó anteriormente, hay un criterio de clasificación maligna, la cual no se encuentra muy bien descrita pues el índice de presentación maligna suele ser muy bajo, pero posterior a la cirugía se deberá llevar un control clínico donde se pueden realizar exámenes sanguíneos para asegurarnos del estado de salud del paciente y eliminar el riesgo de recurrencia.


Conclusión

Si bien es un padecimiento con un pronóstico favorable, es importante tener en cuenta la posibilidad de riesgos como metástasis en caso de ser de carácter maligno, así como las complicaciones adyacentes que encontraríamos en un paciente de edad avanzada, como el riesgo anestésico, la posibilidad de una infección post quirúrgica, así como los riesgos que conlleva cualquier enfermedad sistémica del paciente. Tomando los riesgos y la frecuencia con la que se presentan estas neoplasias, es importante recalcar las acciones preventivas, en este caso sabemos que al cumplir el tiempo de descenso testicular y si esto no ocurre en nuestro animal, podemos asesorarnos con el médico Veterinario Zootecnista para que nos oriente sobre una esterilización a edad temprana, que nos podría estar ayudando a prevenir la presentación de estas neoplasias, así como de otros padecimientos que van controlados por la carga hormonal que se ocasiona al paso de los años y sin una esterilización.


Canino con aumento testicular. Imagen recuperada de: Revista AVEPA


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